viernes, 12 de junio de 2015

Abonando miserias

Por Javier Bleda


El 11-M fue sin duda el peor atentado terrorista de la historia de España en términos cuantitativos, porque en términos cualitativos cada afectado de todos los demás atentados debe llevar la procesión por dentro. Se ha escrito mucho, muchísimo diría yo, sobre lo ocurrido aquél día, sobre posibles vías de planificación del mismo, posibles conspiraciones y hasta se ha escrito de las intimidades del proceso judicial por la persona que compartía sábanas con el togado mayor de la causa. Y a pesar de todo, a día de hoy, pasados tantos años como días del mes marcaba la fecha del atentado, la sociedad española sigue sin tener claro qué pasó realmente más allá de la evidencia de los doscientos muertos en muerte y los casi dos mil muertos en vida, y eso sin contar a los miles de familiares directos que también fueron, y continúan siendo, muertos colaterales vivientes.

Lo que no deja de tener su aquél es que, a pesar de lo mucho que se ha escrito para seguir estando inútilmente en el punto de partida con respecto a la verdad verdadera de tanta sangre inocente entre raíles, ahora mi paisano de Albacete, José Bono, Pepe para los amigos, saca un libro: “Diario de un ministro” (menistro, en manchego). Es un compendio de páginas que Bono pasea por todas partes, como si fuera un Umbral cualquiera, en el que se deja llevar por sus recuerdos, los reales y los inducidos, para contarnos su versión de los hechos terroristas y hacernos saber su tendencia a maquillarse, porque eso es lo que hay en su libro, un maquillaje de la realidad una vez fue nombrado ministro de Defensa y, por tanto, con acceso privilegiado a algo más que un cambio de siglas entre CESID y CNI.

Luis María Anson (a veces con tilde en la O, otras sin ella, nunca terminó de aclararse sobre lo que le gustaba, me recordaba a Prince cuando se quitó el nombre), escribe maravillas sobre José (seguro que le llama Pepe en la intimidad) y su libro de cotilleos de portera de ministerio. Pero, de entre todas las cosas que escribe Luis María sobre Bono, me quedo con la mejor: “La coherencia de su pensamiento y la firmeza al defender sus ideas han merecido al reconocimiento general en este país de cantamañanas, mogrollos, titiriteros, caraduras, chupópteros, políticos de pantalón gris, prenda que va bien con todas las chaquetas”. No hay la más mínima duda sobre la pertenencia a la Real Academia Española…de la Lengua Viperina (en su caso) del firmante de tan bella declaración de amor. Y es porque domina el arte de la adulación amatoria que aquél 8 de febrero de 1998 nos deleitó a los asistentes al acto de toma de posesión de su sillón “n”, como las ñoñeces que solía decir a las coristas de Lina Morgan, con un discurso de nombre evocador: “Palabras de amor de los poetas”. Habló Luis María de su antecesor en el sillón, José López Rubio, y de él dijo: “…tardó en triunfar diez años más. Celos del aire, estrenada en 1950, fue saludada como una obra renovadora y audaz que tenía entre bastidores a un autor sabio, conocedor de la condición humana y de la farsa del poder y la gloria, del amor y del odio, de la vida y de la muerte”. Es aquí, al unir los textos dedicados a ambos josés por el maestro ñ, que cruzo datos sobre la hipocresía de la vida y la querencia de los líderes de opinión por hacernos comulgar con ruedas de molino. Ansón, sin tilde fuera del horario infantil, se permite jugar con sus lectores a veces, escuchantes otras, planteando un país que va de cantamañanas a chaqueteros y, a pesar de ello, todos reconocedores de la gran valía intelectual del menistro; como también López Rubio, a quien aplicó en su posesión académica la sabiduría del saber sobre la condición humana y la farsa del poder. Y todo esto lo dice Ansón porque él, como nadie, sabe de esas cosas, sabe de cómo recibir honores aún cantando a las mañanas mejor que nadie; sabe cómo cambiar de chaqueta dependiendo de cuánto pague el sastre reservado que la hace; sabe de la condición humana y su frágil capacidad para traicionar; sabe sobre la farsa del poder porque él la ha protagonizado, y sabe, entre otras muchas cosas, sobre los entresijos de las galeradas, entendiendo esto como algo propio de las imprentas y no de terrorismo de Estado.

Los que escribimos nos solemos plantear previamente sobre qué escribir para hacerlo con fundamento arguiñánico, de ahí que ahora yo escriba, como Luis María, sobre mi paisano Bono, pero no tanto por el hecho editorial en sí, sino por haber tenido la oportunidad de ver, a posteriori, la cara que puso cuando, sentado en el Chester de Pepa Bueno, extraía de su libro la cena acontecida casa de Pedro J. (José también) Ramírez. Esa cara como de orgasmo revenido de José Pepe Bono hablando de la famosa cena no pasó desapercibida para mí, como seguramente tampoco pasaría desapercibida para millones de personas que se preguntasen a cuento de qué viene ahora este aspirante a la indulgencia plenaria travestido de ex ministro a insinuar, por escrito y de viva voz, que el Gobierno de Aznar tenía datos previos que podían haber evitado el atentado. Entonces, me pregunto, ¿Bono quiere dejar claro que no se supieron gestionar esos datos, o bien que el propio Aznar montó el atentado para erigirse después como único salvador posible del Estado ante ETA, pensando que todo el mundo le creería si decía que habían sido los gudaris del Ejercito Vasco de Liberación? Y si no insinúa ninguna de estas dos cosas, ¿qué demonios insinúa? Hitler, Adolfo, solía decir que, si has de echar una mentira, ésta sea lo más grande posible para que resulte creíble. ¿Será éste el plan de Bono? ¿Querrá tapar con sus chismorreos de Barataria tantas cosas que él supo (él sabe) que fueron y parece que no fueron?

Cuenta Bono que a la cena en casa de Pedro J. Ramírez asistieron Lucía Méndez, Jaime Castellanos, Giorgio Valerio, Eduardo Zaplana y Ana Patricia Botín, además de él mismo, y que Zaplana les dijo a todos que la policía vasca detuvo en enero de aquél 2004 a un magrebí que declaró que se iban a vengar en Atocha y que todo estaba preparado, añadiendo la estupidez de que el policía le dijo que el estadio de Atocha ya no existía, y el individuo precisó que no se refería a un campo de fútbol, sino a una estación, y que esas manifestaciones de Zaplana los dejó a todos muy sorprendidos. ¿Imagina alguien que un policía vasco (o de donde sea, incluso de Albacete) esté deteniendo a un marroquí y ambos se pongan a hablar de campos de fútbol y de dónde verdaderamente están preparando un atentado? Aunque, si quieren que les diga la verdad, a mí más que esta ridícula historia lo que llama mi atención son los invitados a la cena y, por supuesto, el anfitrión, tan aficionado al rojo como el propio Bono. Lucía Méndez tendría mucho que hablar con Ana Patrícia Botín, ellas serían capaces de entenderse; igual que, visto lo visto, se entenderían a la perfección Zaplana y Bono, y más teniendo a Pedro J. de maestro de ceremonias, en su día buen alumno de Beatriz Pottecher; faltan los otros dos, Castellanos y Valerio, pero tampoco sería difícil ubicarlos si tenemos en cuenta que sus intereses eran, y son, los medios de comunicación, y en aquella mesa había poder económico, poder político y poder lo que se tercie después de unas copitas, incluso la propia Lucía Méndez podría haber escrito un artículo al estilo de los que sigue escribiendo ahora y que habrían pegado tanto con aquél entorno, En el palacio de la reina Fabiola.


Si tan importante fue para Bono la conversación entre el marroquí ferroviario y el policía vasco futbolero, igual credibilidad podía darle a otras pistas que ayudaron a confundir las primeras pesquisas pensando que los gudaris estaban detrás del atentado, por ejemplo el testimonio de la etarra Belén González Peñalva, asegurando a Europol en su día que para negociar “había que poner cien muertos encima de la mesa”; o cuando la Nochebuena de 2003 la Policía Nacional detuvo en San Sebastián y Hernani a dos etarras que habían dejado dinamita en un vagón preparado para estallar en la estación de Chamartín de Madrid;  o cuando el día 1 de marzo de 2004, la Guardia Civil detuvo en la provincia de Cuenca una furgoneta con 536 kg de explosivos que se iban a utilizar para un atentado en Madrid.

A Bono lo único que le interesa ahora es sembrar la duda, razonable o no, para rematar lo que en su día él, en compañía de otros, dejó a medias, esto es, la muerte civil del Partido Popular, aunque si se espera un poco lo mismo ya no tiene que hacer ningún esfuerzo y se muere solo. Si Pepa Bueno me invitase a su Chester, y suponiendo que éste no fuera de pana, como el de Bono, a mí también me gustaría desmelenarme para dejar mis dudas en el aire, porque haberlas las hay, y algunas de ellas no me dejan dormir pensando que, de no haberse manipulado aquél presente, tal vez ahora no estaría España como está, porque el dinero llama al dinero y las alegrías de talante al no reconocimiento de una de las peores crisis de la historia de la economía moderna. Y, desde luego, tampoco habría tantas vidas rotas envueltas en una solución de continuidad de dolor eterno, pero eso parece que no importa, lo que de verdad cuenta es que once años después el antes ministro venga a mariposear con la verdad, ignorante él, parece, que el aleteo de una mariposa puede llegar a ser el comienzo de un terrible huracán.

Pepa Bueno, la periodista chesteriana, me gusta mucho porque sabe mantener su rostro imperturbable aunque sea consciente, o intuya, la pepa que le están metiendo, incluso cuando la farragosa vehemencia de su interlocutor se empeña, con reiterada tozudez, en elevar a categoría histórica el discurso de un trilero de la política. Tal vez Pepa, aunque debo reconocer que no era su papel, podía haber preguntado a Bono por qué su jefe directo tuvo tanto empeño en mostrar pleitesía al monarca de Marruecos en su primer viaje institucional, y por qué hizo lo mismo inmediatamente después con Jacques Chirac, otro rey de África y que también lo quería ser de Europa. Así, no era de extrañar que el líder independentista marroquí, Mohamed Abdelaziz, al ver el coqueteo previo al coito entre José Luís (otro José) y Jacques, con la cortina de humo del Sahara de por medio, arremetiera contra Francia diciendo: "Al dar cobertura diplomática a las pretensiones de Rabat, París sustrae a Marruecos de la obligación de someterse a la legitimidad internacional". En esto de dejar a los saharauis a los pies de los caballos (o de los camellos) a Zapatero no le tembló el pulso, a pesar de que no se esperaba semejante reacción de un a posteriori líder de la Alianza de Civilizaciones, que montó para mayor gloria con el ahora islamista radical turco, Erdogan. Es decir, quien debiera ser un defensor a ultranza de los derechos históricos de los saharauis se convirtió, de un día para otro, en el tonto útil de quien los estaba machacando, así todos contentos, Marruecos se quitaba de encima la presión española y regalaba a Francia el tonto para exhibirlo en la feria de un nuevo eje.

Igualmente no habría estado de más saber si el regreso al “corazón de Europa” y la nueva cohabitación con Francia y Alemania, que tanto excitó a Moratinos, se debía al  efecto preelectoral  o postelectoral, esto es, si fue buscado o se encontró más allá de que la respuesta pudiera ser “lo llevábamos en el programa”. Claro que conociendo a Miguel Ángel lo mismo podríamos esperar que contestase que aquello fue sin querer, como las relaciones íntimas (de negocios, me refiero) que ha tenido con el Pequeño Nicolás. Por cierto, ahora que caigo, el comportamiento de Moratinos con este chiquito, nuestro pequeño James Bond de juguete, lo mismo es simplemente una mimetización de lo que tras los atentados manifestaron Chirac y Schroeder cuando hablaban de que iban a adoptar a Zapatero, su pequeño José Luis. El caso es que la decisión del jefe de Bono de retirar las tropas de Irak para satisfacer al principal socio comercial de Sadam Hussein al otro lado de los Pirineos, y la invitación a otros países a que hicieran lo mismo, llevó a The Wall Street Journal a calificar la decisión del gobierno español de “nota de agradecimiento” a los terroristas del 11-M, algo que habría sido totalmente escandaloso de no ser porque, por aquél entonces, el Quijote José Luis y su fiel escudero José estaban en su momento “ladran, luego cabalgamos”.

Y ya puestos a preguntar, y teniendo en cuenta que Bono tenía su libro en la mano mientras compartía sofá con Pepa Bueno, le podía haber preguntado si le parecía normal relevar a Jorge Dezcallar a los pocos días del atentado, como máximo responsable de la inteligencia española, para premiarlo, ni más ni menos, con el puesto de embajador en el Vaticano, uno de los de mayor prestigio en la diplomacia española. Cualquiera diría que no haberse enterado de que se preparaba un atentado de semejantes características no fue un patinazo en su carrera, sino un servicio prestado por ese “hombre de Estado” que tan bien caía al PSOE, claro que no hay que olvidar los importantes vínculos del señor X con Marruecos y tener en cuenta que Dezcallar venía de ser embajador en Rabat antes de convertirse oficialmente en espía.

En 2006, como esto de ser representante ante la Santa Sede debía parecer muy diplomático pero poco generoso desde el punto de vista crematístico, tanto al señor embajador como sus benefactores ocultos decidieron que se dejase de las cosas de los santos para momento más espiritual y se incorporase al Consejo Estratégico Internacional de Repsol YPF como secretario general, lo cual parece que nada tenía que ver con el nuevo Gobierno sobrevenido de la dinamita pero, si tenemos en cuenta que La Caixa es el principal accionista de Repsol, y que Luis Reverter era, y continúa siendo, el secretario general de la Fundación La Caixa, no parece insensato pensar en que pudo haber algún tipo de favoritismo hacia Dezcallar. El nombre del tal Reverter es un dato muy significativo en todo este lío, porque Bono lo tenía como referente, de parte de Felipe González, para hablar de lo que hiciera falta, como consejero o para casos de emergencia. ¿Y quien era Reverter? Pues, como es público y notorio, fue secretario general de Coordinación y Servicios de la Presidencia del Gobierno, con Felipe, y colaborador de primer nivel del vicepresidente Narcís Serra, sobre todo cuando éste era ministro de Defensa, es decir, otra vez de nuevo salen a relucir los servicios secretos, los catorce años de Manglano (¡menuda pieza!) al frente de los mismos, los terrorismos de Estado que iban y venían desde las cloacas a la Moncloa y viceversa, la utilización de recursos del Estado para cargarse a gente como Mario Conde, que por aquél entonces era el Pablo Iglesias de ahora pero con gomina y mucha más clase, y así hasta el infinito y más allá, de ahí que las reticencias mentales no tengan más remedio que salir a relucir cuando uno imagina todos estos datos interconectados. No me extraña que el entonces portavoz del PP en la Comisión de Investigación del 11-M del Congreso de los Diputados, Jaime Ignacio del Burgo, tuviera la mosca tras la oreja constantemente.

Por si fuera poco, Jorge Dezcallar, al mismo tiempo que buscaba petróleo, también formaba parte del Consejo de Administración de MaxamCorp Holding S. L., junto a Jesús Del Olmo, antiguo director adjunto del CESID, y Francisco Torrente, anterior secretario general de Política de Defensa, almirante jefe del Estado Mayor de la Armada y otro de los consejeros de Bono de quien Felipe le dijo se podía fiar. Pero como parece que todo este tinglado no casaba muy bien con alguien que había ostentado un cargo estratégico como responsable de los servicios secretos, y por aquello de la estética de las incompatibilidades, aunque fuera a  toro pasado, los supuestos benefactores (en realidad no tan supuestos, ni siquiera presuntos), sacaron a Dezcallar de lo particular y lo volvieron a condecorar  en 2008 como embajador de España en Washington hasta 2012, y por el camino casi consigue ser jefe de la Casa del Rey Juan Carlos, aprovechando que ya habían colocado a uno de sus hombres de confianza, que había estado con él en la embajada de Marruecos y en el CNI, Ramón Iribarren, lo que vendría a ser algo así como la cuadratura del círculo.

Entre el 11-S y el 11-M ocurrieron muchas cosas, hubo ríos revueltos y también una importante ganancia de pescadores. Jorge Dezcallar se movía como pez en el agua en entornos árabes diplomáticos madrileños haciendo valer su flamante cargo en el mundo del espionaje, y puedo dar fe de ello porque, justo en esos mismos años, yo era asesor del embajador sirio y tenía acceso privilegiado a lo que tanto interesaba a Dezcallar y su equipo. Mi amigo, el periodista Gustavo Morales, que antes que yo hizo lo mismo en la embajada iraní en Madrid, sabe que la información sensible es perseguida como los buscadores de oro intentan encontrar las pepitas en el río. Cualquier patriota diría que nuestra obligación debía ser la de entregar dicha información a los nuestros, esto es, al CESID que luego fue CNI, pero cómo estaría la cosa que preferíamos guardarla antes que compartirla, porque a veces el nivel de sospecha sobre los nuestros sobrepasaba todos los límites razonables.

Me hubiera gustado que Pepa Bueno preguntase también a Bono por Alberto Saiz, su primo político (por partido y por familia), quien pasó de una ingeniería de montes a una ingeniería política que le hizo nuevo jefe de los servicios secretos en sustitución del aparentemente premiado Dezcallar. Por supuesto que quitar a Jorge para poner a Alberto también significaba lo mismo que si el propio Bono fuera el jefe de la inteligencia (que de hecho lo era como ministro de Defensa), porque la intimidad entre Alberto y Pepe era de sobra conocida, ahora bien, lo que sobretodo se consiguió con ese cambio fue que el paletismo ilustrado llegase a la base de operaciones de inteligencia de un país que continuaba consternado por los acontecimientos, algo así como si uno de los personajes de José Mota, el Aberroncho, por ejemplo, hubiera sido nombrado director del CNI.  En la Comisión de investigación de los atentados del 11-M en el Congreso de los Diputados, el primo de Bono se atrevió a decir que Aznar podía haber evitado el atentado si hubiese prestado atención a los informes de los servicios secretos españoles. Interesante, muy interesante esa versión cainita de lo ocurrido que mostraba que, tras el primo Alberto, se escondía el primo José haciéndole mover la boca como Mari Carmen hacía mover la de Doña Rogelia.

En todo este esperpento sangriento faltaba otro detallito, y es que mi admirado amigo, el periodista Antonio Rubio, publicó en El Mundo que Rodolfo Ruiz, policía condenado y luego absuelto por un delito de falsedad documental y detención ilegal de dos militantes del PP, cuando aquella manifestación en 2005 en la que querían pegarle a Bono, cobraba una nómina mensual del CNI, donde fue fichado por el primo Alberto a instancias del primo Bono. Esto no tendría más trascendencia de no ser porque el tal Rodolfo Ruiz no era un policía normal, sino que se trataba del jefe de la comisaría de Vallecas en 2004, justo en la que apareció algo más que sospechosamente, y como por arte de magia, la mochila que sirvió para señalar al grupo marroquí como los autores de los atentados de los trenes. Ruiz también tuvo su recompensa, fue ascendido de categoría por el Ministerio del Interior y nombrado jefe de la Brigada Provincial de Información de Madrid. No me extraña que mis colegas periodistas Luis del Pino, Ignacio Cembrero y tantos otros, pusieran el grito en el cielo ante tal concurso de despropósitos desatados.

Estas líneas que he escrito conforman un simple artículo de opinión, a veces argumentada sobre bases informativas no secretas, pero opinión a fin de cuentas, y no me importa ni un ápice que alguien pueda estar o no de acuerdo conmigo. Sin embargo Bono, sea José o Pepe, sí tiene el deber de guardar secreto sobre las cosas que conoció por razón de su cargo. Habría que suponer que el Artículo 38. Deber de reserva, del Estatuto del personal del CNI, también debería afectar al ministro de Defensa como superior jerárquico del director del Centro Nacional de Inteligencia, sin embargo, su paso por el sofá de Pepa mostró que la intención del otrora ministro no era ni salvaguardar datos ni tampoco honores. Contar en televisión cómo se espiaba a la cúpula militar y alardear de cómo ordenó detener al teniente general José Mena Aguado, al tiempo que le llamaba “pregolpista”, no fue solamente un posible delito de revelación de secretos, más bien pareció una exhibición de ausencia total de vergüenza de alguien que entendía que había que castigar a quien con el uniforme puesto decía: "Hemos jurado guardar y hacer guardar la Constitución. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuestión de honor".

Tal vez algún día la Historia ponga las cosas en su sitio y se sepa la verdad de lo ocurrido, será entonces cuando los muertos en muerte, los muertos en vida, los españoles que vimos nuestro honor mancillado a la francesa y la propia institución democrática de la Constitución que fue ultrajada, podamos empezar a comprender que nada es lo que parece, que todo puede ser manipulado y que hay intereses que pasan por encima de nuestras cabezas sin el más mínimo remordimiento. Respecto a Bono, a José Bono, está creando una estrategia de confusión con cargo al 11-M ahora que se acercan unas nuevas elecciones generales en las que el objetivo es volver a dinamitar al PP, y no está solo, el gran manipulador Rubalcaba anda detrás de todo. Mi opinión personal es que el 11-M esconde una trama golpista, no de militares, sino de una cúpula política agazapada tras una rosa, que supo aprovecharse de la necesidad de unos y otros fuera de nuestras fronteras para  modificar el orden geopolítico establecido.


¡Qué grande es la vida! Después de once años, aparece Bono contando los chascarrillos de una cena, de dudosa moralidad, para sembrar la duda en la población de que los malos que están en el Gobierno pudieron tener algo que ver en el más grave atentado de la historia de nuestro país. Creo que Bono debería volver a cenar a casa de Pedro J. (solo o en compañía de personas que entiendan, como entonces) y pedirle consejo técnico si lo que pretende es crear un agujero negro por el que quepan todas las sospechas reales que se ciernen sobre él y sus colaboradores. 

1 comentario:

  1. Yo diría que "de lectura imprescindible", por no decir que obligada. Un abrazo.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.