miércoles, 12 de junio de 2024

Bajo las togas



por Javier Bleda 

*Advertencia: Este artículo puede provocar dolor de cabeza, fatiga o somnolencia, contiene textos legales.  


Decían las crónicas que el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, dio orden de difundir un nada normal comunicado de la Fiscalía Provincial de Madrid desvelando las conversaciones secretas mantenidas entre la defensa del novio de Isabel Díaz Ayuso, ejercida por el abogado Carlos Neira, y el fiscal encargado del asunto Julián Salto. 

García Ortiz dio instrucción directa a la fiscal superior de la Comunidad de Madrid, Almudena Lastra, de enviar a los medios de comunicación desde su gabinete de prensa este comunicado, algo que fuentes fiscales calificaron de "muy grave" y "sin precedentes" por vulnerar el derecho de defensa del investigado y el secreto profesional del letrado Neira. 

El Consejo General de la Abogacía Española, con su presidenta Victoria Ortega a la cabeza, se reunió en Pleno y señaló que "la difusión del contenido concreto de comunicaciones, en este caso correos electrónicos, intercambiadas entre el Ministerio Fiscal y la defensa de un investigado supone una clara vulneración de la garantía de confidencialidad en las comunicaciones entre las partes que este Pleno rechaza y condena". 

El Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM), cuyo presidente es Eugenio Ribón, emitió un comunicado considerando de "extrema gravedad la revelación, por parte de la Fiscalía Provincial de Madrid, a través de un comunicado oficial, de datos concretos de unas diligencias de investigación, detallando fechas y contenido de conversaciones y reuniones, produciendo todo ello una ruptura del secreto profesional que ampara las comunicaciones de letrados". 

No soy un experto en leyes (antes lo era en liar a mujeres, pero ahora ya ni eso), por lo que me he limitado a husmear un poco en algunos textos que tienen que ver con ellas, con las leyes, no con las mujeres, para ver qué es eso de que el fiscal general del Estado quiera ir de supuesto mártir en la causa de Alberto González Amador, a la sazón afortunado novio de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. 

El delito de revelación de secretos está regulado en el Código Penal español y su artículo 197.1 dice lo siguiente: “El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales, intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses”. 

En el caso que nos ocupa hay que leer también el 198: “La autoridad o funcionario público que, fuera de los casos permitidos por la Ley, sin mediar causa legal por delito, y prevaliéndose de su cargo, realizare cualquiera de las conductas descritas en el artículo anterior, será castigado con las penas respectivamente previstas en el mismo, en su mitad superior y, además, con la de inhabilitación absoluta por tiempo de seis a doce años”. 

Para ayudar a que estas líneas que escribo no sean tan densas al lector añadiré un toque humorístico que me he permitido tomar prestado de la Fiscalía General del Estado y su desternillante, dado el caso, Instrucción nº 2/2019, sobre la protección de datos en el ámbito del Ministerio Fiscal. 

El derecho a la protección de datos personales es un derecho fundamental implícitamente reconocido en el art. 18.4 de la Constitución Española y consagrado en el art. 8 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (en adelante, UE) y en el art. 16.1 del Tratado de Funcionamiento de la UE. 

Este derecho “impone a los poderes públicos la prohibición de que se conviertan en fuentes de información sin las debidas garantías, así como el deber de prevenir los riesgos que puedan derivarse del acceso o divulgación indebidas de dicha información” (STC 292/2000, de 30 de noviembre)”.  

Por si no fuera suficiente el cachondeo se añade: 7.1. “Las obligaciones del Ministerio Fiscal como responsable del tratamiento de datos personales. ...Limitación de la finalidad, lo que supone que deberán ser tratados con fines determinados, explícitos y legítimos, y que no podrán ser objeto de un tratamiento ulterior que sea incompatible con dichos fines”. 

Álvaro García Ortiz, fiscal general del Estado por una gracia de Dios, es decir, de Pedro Sánchez, y que tiene un cierto aire a Pedro el cabrero, de los dibujos de Heidi, ha solicitado que, dado que él se hace responsable absoluto de la orden dada a sus subordinados para redactar y emitir un comunicado público con datos confidenciales entre el abogado del novio de Ayuso y la Fiscalía de Madrid, el tinglado judicial por el que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid persigue a quienes presuntamente difundieron esos datos debe trasladarse al Tribunal Supremo por su aforamiento como autoridad del Estado.  

Sin duda esta pretensión puede dar lugar a muchas suspicacias, entre otras a que el propio autoinculpado pueda manejar mejor los hilos en una sede superior que ante jueces mundanos ya que, por pura ley estadística, algunos jueces no supremos suelen ser imparciales y no están politizados. Pero, y digo esto con pleno desconocimiento legal, no sé si el ínclito García Ortiz estará al tanto de que las leyes son iguales para todos, o deberían serlo, y en este caso concreto tanta culpa tiene el inductor u ordenante como los lastimeros fiscales ejecutores, por lo que cabría deducir que, si bien parece ser cierto que el Fiscal General del Estado declara que fue él quien ordenó el comunicado contra un ciudadano particular, aquellos que no pudieron, no quisieron o accedieron a pararle los pies, ahora deben compartir el marrón penal aunque sea esgrimiendo en su defensa una artificial obediencia debida. 

Vaya por delante para los que no entendemos de conceptos jurídicos, que un fiscal general del Estado vendría a ser como un macarra del Gobierno de turno, dicho esto con todos mis respetos hacia los macarras y también hacia los fiscales generales ya que se trata simplemente de establecer un punto comparativo para que el lector entienda mejor. En el mundo de la prostitución la labor del chulo, o macarra, es la de partir la cara al cliente que no paga o no trata bien a las señoritas (o señoras) meretrices. Un fiscal general hace lo mismo para el gobierno que lo nombra, si algo se sale de madre ahí está él para partirle la cara, jurídicamente hablando, a quien se ponga por delante. 

Dice la web Ministerio Fiscal que “El Fiscal General actúa con imparcialidad y es independiente, sin que pueda recibir instrucciones ni órdenes del Gobierno ni de ningún otro órgano administrativo o judicial. En todo caso, el Gobierno podrá interesar del Fiscal General del Estado que promueva ante los Tribunales las actuaciones pertinentes en orden a la defensa del interés público”.  Es decir, el fiscal general es “independiente” y no puede recibir “instrucciones ni órdenes del Gobierno” pero, si se tercia, el Gobierno puede decirle al fiscal general que ataque como un perro de presa, por supuesto siempre en defensa del interés público, lo que en democracia, y también en las dictaduras, viene a ser concretamente el interés del Gobierno independientemente de cual sea el puto interés público. 

Siguiendo con la web Ministerio Fiscal encontramos que “El Fiscal General imparte las órdenes e instrucciones convenientes al servicio, al orden interno de la Institución y al ejercicio de las funciones fiscales, pudiendo ser éstas tanto de carácter general como referidas a asuntos específicos”. Con estas directrices vemos que el fiscal general está cualificado para ordenar instrucciones a todos los que se encuentren por debajo de él en todos los ámbitos de la fiscalía, y también que estas órdenes pueden ser relativas a normas generales de actuación o bien a asuntos concretos en los que, por regla general, la opinión del fiscal general no sea otra cosa que la extensión de las necesidades de defensa, o ataque legal, del Gobierno. Queda claro, y reiterado, que el cargo de fiscal general del Estado es un elemento imprescindible para las malas artes políticas y el oscurantismo judicial y que, de no ser por ello, la figura del fiscal general podría ser perfectamente prescindible y el dineral que gana se podría usar, por ejemplo, para mejorar la calidad del papel higiénico en los aseos públicos de todas las instituciones judiciales españolas, pasando de dos capas de mala calidad a tres capas más gruesas y con Aloe Vera para aliviar el roce que, con inusitada frecuencia, provoca en la ciudadanía la acción de una justicia poco ciega y muy lenta. 

Abundando en el hecho cierto de que el fiscal general Álvaro García Ortiz se arroga la responsabilidad del comunicado contra el ciudadano González Amador, vuelvo a sumergirme en textos legales incompatibles con “la caló” ambiental, que dirían los andaluces, pero es que para ilustrar este artículo me parece más conveniente mencionar leyes que pasajes del libro anónimo La corrupción de una virgen, por mucho que tanto leyes como literatura erótica acaben siendo algo parecido. 

Así, la Ley 50/1981, de 30 de diciembre, por la que se regula el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, dice en su Capítulo II - De la unidad y dependencia del Ministerio Fiscal: 

Artículo veintisiete. Uno. “El Fiscal que recibiere una orden o instrucción que considere contraria a las leyes o que, por cualquier otro motivo estime improcedente, se lo hará saber así, mediante informe razonado, a su fiscal jefe. De proceder la orden o instrucción de éste, si no considera satisfactorias las razones alegadas, planteará la cuestión a la Junta de fiscalía y, una vez que ésta se manifieste, resolverá definitivamente reconsiderándola o ratificándola. De proceder de un superior, elevará informe a éste, el cual, de no admitir las razones alegadas, resolverá de igual manera oyendo previamente a la Junta de Fiscalía. Si la orden fuere dada por el fiscal general del Estado, éste resolverá oyendo a la Junta de Fiscales de Sala”

Con la lectura del Artículo 27/1 parece quedar claro que los fiscales subordinados tienen herramientas suficientes para oponerse a una orden que pudieran estimar improcedente, pero, como en las buenas novelas negras, luego viene el Artículo 27/2 y le echa leña al fuego:  Artículo veintisiete. Dos. “Si el superior se ratificase en sus instrucciones lo hará por escrito razonado con la expresa relevación de las responsabilidades que pudieran derivarse de su cumplimiento o bien encomendará a otro Fiscal el despacho del asunto a que se refiera”. No hay que ser excesivamente inteligente para entender que lo que se esconde tras el punto dos está relacionado con las legumbres: Son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas

Pero yo me pregunto si esto de las lentejas de la Fiscalía General, además de mucho hierro, estará por encima del Código Penal, porque miro el Artículo 410 y leo:  

1. “Las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, dictadas dentro del ámbito de su respectiva competencia y revestidas de las formalidades legales, incurrirán en la pena de multa de tres a doce meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años”.  

La madre que parió a unos y otros. Resulta que el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal dice que, si eres fiscal, las órdenes las puedes cumplir o recurrir y que, en todo caso, si no te parecen convenientes las cumples y no pasa nada porque la responsabilidad se transfiere al superior, y si ya te pones muy tonto se lo ordenan a otro que esté más acostumbrado a comulgar con ruedas de molino, que también los hay. Pero, al mismo tiempo, el Código Penal dice que como no cumplas las órdenes del ente superior, te van a dar caña y que, por muy fiscal que seas, te pueden dejar sin recreo y bocadillo hasta dos años. 

Lo bueno de esto es que, como ocurría antes con los puntos uno y dos del artículo veintisiete de la ley que regula el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, el Artículo 410 del Código Penal también tiene su punto dos y no deja de ser tan surrealista como el otro punto dos:  

2. “No obstante lo dispuesto en el apartado anterior, no incurrirán en responsabilidad criminal las autoridades o funcionarios por no dar cumplimiento a un mandato que constituya una infracción manifiesta, clara y terminante de un precepto de Ley o de cualquier otra disposición general”. 

Vamos, que las órdenes de los superiores hay que cumplirlas porque si no te crujen, pero si tú crees que la orden no se adecúa a lo razonablemente comprensible, pues no la cumples y no pasa nada, ya no te quitan el bocadillo ni el recreo. Tal vez, y esto obviamente es una opinión mía que no soy fiscal, podían haber añadido que para no cumplir una orden del fiscal general hay que tener un par de cojones, o un par de ovarios, o ambas cosas en el caso de los hermafroditas o personajes varios acostumbrados a ir al Registro Civil a cambiar de sexo sobre el papel. 

¿Por qué habría que tener valor para no cumplir una orden del fiscal general siendo fiscal subalterno? Aquí hemos de volver a la comparativa citada al principio de mi reflexión, siendo que el fiscal general del Estado vendría a ser como un macarra del Gobierno (insisto, es una comparativa, que nadie se sulfure), lo menos que le podría pasar al fiscal, fiscala o fiscale que se opusiera es que le rompan las puñetas de la toga y su carrera quede un tanto deshilachada (en el caso de macarras no togados lo que se romperían son las piernas).    

Para instruirme un poco en esto de por qué los fiscales tendrían que obedecer ciegamente al pastor del rebaño, he creído conveniente recurrir a uno de los mejores expertos en el tema, Francisco Javier Hernández Suárez-Llanos, doctor en Derecho, quien escribió un trabajo muy interesante sobre el tema, incluso sin que tenga connotaciones eróticas, titulado “A vueltas con la obediencia debida: ¿Mandatos antijurídicos obligatorios?”. ¡Menudo título, me parece todavía más provocador que el de La corrupción de una virgen

Dice el doctor Hernández que “la discusión acerca de la existencia de un deber de obedecer órdenes ilícitas de los superiores, resulta realmente sugestiva con la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del Código Penal. Tras la supresión de la eximente de ‘obediencia debida’ en el vigente Código Penal, los casos de comisión de ilícitos penales en obediencia ‘debida’ a órdenes de los superiores quedan hoy reconducidos a la eximente de ‘cumplimiento de un deber’ de su artículo 20.72, en el entendimiento de que especie del género ‘deber’, es el ‘deber de obedecer’”. 

Y añade que ”Teniendo en cuenta que el artículo 410 del Código Penal que conmina con pena a ‘las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, dictadas dentro del ámbito de su respectiva competencia y revestidas de las formalidades legales’ siempre que no ‘constituya una infracción manifiesta, clara y terminante de un precepto de Ley o de cualquier otra disposición general’, cabría sostener que la orden de cometer un delito que no resulte manifiesta en su ilegalidad, vincularía al subordinado hasta tal punto de resultar penado si no obedece”

¿Ha quedado claro? ¿No? A mí tampoco, de hecho para el doctor Hernández, que es el que lo ha escrito, tampoco quedó claro y por eso, a continuación, ofrece una explicación que pueda aportar cierta coherencia a esta especie de “Sácamela pa dentro” que diría la empleada del hogar al butanero (igualmente con todos mis respetos a las empleadas del hogar y a los butaneros, como antes hice con los macarras y los fiscales generales): “Sin embargo, la cuestión no está clara. La eximente de cumplimiento de un deber es una causa de justificación que elimina la antijuridicidad de la conducta del subordinado volviéndola lícita. Sin embargo, la ejecución de una orden antijurídica es, congruentemente, una acción antijurídica. Si un mandato es de contenido antijurídico y sin embargo la conducta del subordinado que lo obedece se considera sin embargo lícita por entender que cumple con un deber, quiebra el principio de unidad del Ordenamiento Jurídico pues hablar de deber y de orden antijurídica implica una contradicción de difícil solución”. 

Ahora ya está mucho más claro, especialmente donde dice que “la ejecución de una orden antijurídica es, congruentemente, una acción antijurídica”, eso sí que es una verdad verdadera. Hasta el difunto catedrático de Derecho Penal José María Rodríguez Devesa, en su libro Derecho Penal español. Parte General, citado igualmente en su trabajo por el doctor Hernández, manifestó que “en los mandatos antijurídicos obligatorios, el mismo enunciado encierra ya una contradicción que denuncia la existencia de una antinomia porque, si se trata de mandatos antijurídicos obligatorios, quiere decirse con ello jurídicamente obligatorios, esto es, conformes a Derecho en una de sus dimensiones al menos”

En resumen, y como diría el filósofo manchego José Mota, “Ahora vas y lo cascas”. 

De todas formas, tampoco es de extrañar que el fiscal general García Ortiz emitiera un mandato jurídico presuntamente antijurídico, ni tampoco que ahora pretenda hacer creer a todo el mundo que lo que se publicó en el infame comunicado sobre el novio de Ayuso no era una burda maniobra, siguiendo órdenes del Gobierno, porque, según afirma, la información contenida ya era pública, conocida y publicada por los medios de comunicación. ¿Y? Se ponga como se ponga el fiscal general, incluso aunque cuando lo diga sonría como cuando Pedro el cabrero se imaginaba retozando con Heidi por los prados de los Alpes, la Fiscalía no puede hacer públicas conversaciones confidenciales que dejen a los pies de los caballos la debida confidencialidad entre abogado y cliente, esto es así y ya está tardando en dimitir siempre que, además de sonrisa, también le quede algo de honor profesional, cosa que no dudo que tenía en su haber hasta que empezó a juntarse con malas compañías. 

Como prueba de que García Ortiz antes de ser fiscal general era persona, citaré unas palabras suyas en declaraciones a El Diario en 2016 siendo presidente de la Unión Progresista de Fiscales, asociación cercana al PSOE : “Quizá lo que esperábamos de la Fiscalía General es lo que no ha dicho: que es inconcebible escuchar esas palabras en boca de un ministro y que, por supuesto, la Fiscalía jamás se va a servir o a proponer para seguir ninguna pauta marcada por el Ejecutivo porque lo tenemos prohibido estatutariamente y porque los cauces de relación entre el Ejecutivo y la Fiscalía General están definidos por la ley y esos son los cauces que habría que seguir. Y esta contundencia, desacreditando las palabras del ministro, no hubiera venido mal”. 

Así de bonitas se veían estas palabras de García Ortiz, la hemeroteca es maravillosa: “Esperábamos de la Fiscalía General lo que no ha dicho: que es inconcebible escuchar esas palabras en boca de un ministro y que, por supuesto, la Fiscalía jamás va a seguir pautas del Ejecutivo. Trabajamos para los ciudadanos”.  

“Trabajamos para los ciudadanos”, no tiene guasa ni nada la frasecita. 

Las malas compañías hacen que los hijos que antes parecían modélicos se conviertan en una suerte de monstruos despiadados capaces de cualquier cosa. Con los fiscales generales pasa lo mismo. 

Me pregunto qué le parecería a García Ortiz aquella conversación de la que fuera su jefa, Dolores Delgado, y el comisario Villarejo, en presencia de Baltasar Garzón, con aquello de que Marlaska era “maricón”. Para nadie era un secreto que el juez y ministro de Interior era homosexual, de hecho él mismo hacía gala de ello, pero una cosa es ser homosexual y otra, muy diferente, es que en una conversación entre gente relacionada con los bajos fondos (que le pregunten al fiscal Ignacio Stampa por estos tres, y por supuesto por García Ortiz), que además se supone tiene cercanía contigo, te digan maricón y añadan “Ha venido un tío a la Audiencia monísimo, para que lo vamos a negar, parece George Clooney, pero le pasa lo mismo, es una nenaza”.  

Puestos a opinar, todavía me parece peor que Dolores Delgado, para saber si podía contar lo que contó, pidiera explícitamente permiso a su hombre, Baltasar Garzón, con un burdo y barriobajero “¿Puedo contar lo de este?”.  Además, ella mejor que nadie debería saber que entre hombres también se pueden crear situaciones de amistad íntima, incluso muy íntima, como la de sobra conocida entre Garzón y su amigo de Almería, el abogado Federico Soria, emparentado con el torero Enrique Ponce por vía de su hija Ana Soria. En todo caso no se le pueden pedir peras al olmo, en aquella conversación grabada por Villarejo la Delgado también soltó "Mira, te voy a decir una cosa, a mí que me den tribunal de hombres, de tías no quiero. Y no me llevo mal con las tías, pero de tíos sé perfectamente por dónde van. Y cada gesto, cada cosa..., por dónde va la historia". No hay más que añadir sobre ella, señoría. 

Al final va a resultar que, bajo las togas, deberíamos dar por buena aquella épica errata publicada en el BOE Nº 228 de 22 de septiembre de 1984, en su apunte 21851: Consejo General del “Joder” Judicial.  

Joder Judicial, sí señor, eso es lo que hay bajo las togas. Maravillosa errata no errata, lo mismo que los preceptos jurídicos antijurídicos.  

Y para acabar este artículo pido un pequeño esfuerzo más a los lectores, en esta ocasión un esfuerzo de ocho segundos de duración de un vídeo para escuchar en boca de El padrino el resumen de todo. El resumen de la infamia.





jueves, 30 de mayo de 2024

Los porqués sobre la muerte real de Mario Biondo



por Javier Bleda

A veces parece que el tiempo pasa muy despacio; en otras ocasiones alcanza una velocidad incomprensible, pero cuando tu hijo ha muerto y no puedes encontrar respuestas a los porqués, eso ya es otra cosa, el tiempo se detiene formando una barrera alrededor del corazón impidiendo que los recuerdos puedan ir a cualquier parte. 

Mario Biondo murió el 30 de mayo de 2013. Hoy hace 11 años.

Su familia se pregunta...

por qué la muerte de su hijo no ha sido tratada justamente por la Justicia

por qué se ha pretendido mancillar el buen nombre de su hijo y hermano

por qué tantas personas han intentado entorpecer la paz que necesitan

por qué parece que se esté encubriendo a alguien realmente importante.


Los investigadores se preguntan...

por qué se tergiversó todo lo relacionado con la escena del crimen

por qué tantos profesionales dejaron de serlo y por orden de quién

por qué hubo tanta prisa en archivar el asunto saltándose las más elementales normas jurídicas

por qué no fue posible que se pudieran contrastar ante la Justicia pruebas no corrompidas.


Y yo me pregunto...

por qué en el documental de Netflix hay un evidente, contundente y claro mensaje a navegantes.

Puede haber muchos porqués y muchas posibles respuestas, pero lo único cierto es que la muerte de Mario Biondo fue real.


martes, 7 de mayo de 2024

Pongamos que hablo de sustancias


Por Javier Bleda 

Como es de sobra conocido, el ministro español de Transportes, Óscar Puente, comentó públicamente que el presidente argentino Javier Milei, el arquero de Chacarita, habría llegado a la presidencia del Gobierno siendo consumidor de drogas. El ministro usó el calificativo de “sustancias” para luego poder utilizar cualquier subterfugio que le permitiera salir del atolladero respecto a la agitación presidencial del mandatario argentino pero, visto lo visto que Puente se reitera en la sustanciación de las sustancias, poco espacio queda para pensar que se refería a otra cosa que no fueran drogas. 

Sinceramente, no tengo ni idea de lo que toma o deja de tomar el presidente de Argentina, y además creo que es algo que únicamente debería preocupar a sus votantes convencidos y a los sufridores de la oposición, es más, incluso pienso que el mero hecho de que el presidente sea argentino ya es una droga en sí mismo, porque los argentinos son gente de profundo sentimiento, algo que explicaría que la población de psicoanalistas por metro cuadrado se reproduzca como las esporas hasta los confines patagónicos. A esto añadiría que, de todas las mujeres que he engañado en mi vida asegurándoles que las llevaría al cielo del paroxismo, la única que me hizo sentir un gaucho con boleadoras fue una argentina, motivo por el que tuve que estar varios días dando explicaciones a los vecinos respecto a unos gritos que habían escuchado procedentes de mi casa, y es que la muchacha era más fuerte que una porteadora de mate de la provincia de Misiones. 

Llegados a este punto, donde sí he hablado de mi vida sexual, pero no de la de Puente, más que nada porque no viene a cuento y también porque nunca me ha ido el sexo raro, creo que lo que procede es ponerse en modo Milei by Puente e imaginar que vamos por una carretera con raya continua. No se trata de visualizar que está prohibido adelantar sino, más bien, que nos esnifamos la raya continua como si fuera una sustancia que nos pondrá justo al otro lado de la línea de percepción de la realidad. A partir de este momento, cualquier cosa que pase por nuestra cabeza no necesariamente ha de ser cierta, recuerden que de lo que se trata es de completar un ejercicio de imaginación perturbada. 

Una vez que esa sustancia comienza a hacer efecto en nuestro espacio neuronal nos llegan imágenes de todo tipo, algunas absolutamente descabelladas, como por ejemplo Pedro Sánchez buscando avales por toda España para su candidatura en el Partido Socialista y pidiendo a Delcy Fan (Ábalos para los no iniciados), que hable con el aizkolari del puticlub para que le consiga una sustancia reconstituyente que le permita aguantar el tirón, y por supuesto que esa sustancia fuera lo más blanca posible porque Sánchez siempre ha sido muy de preferir las cosas claras. 

Como quiera que la raya de la carretera que hemos imaginado esnifar va aumentando su efecto disruptivo conforme pasan los minutos, ahora lo que nos viene a la cabeza es que Pedro Sánchez necesitaba cinco días de reflexión porque estaba esperando que le trajeran de Estados Unidos otra sustancia, en este caso más medicamentosa, para intentar atajar de manera contundente su afición a la sustancia reconstituyente que tiene por costumbre consumir con la finalidad de seguir siendo considerado un gran HDP (Hot Danger Pedro, no hay nada de fruta en esto, no me va el ayuseo).  

Imaginemos también, aunque esto es más fácil porque ya lo ha escrito el colega Jesús Cacho en Vozpópuli, que la señora de Sánchez, Begoña en lenguaje coloquial, Begonya en catalán, amenaza con pedirle el divorcio por una presunta infidelidad. No deberíamos quedarnos en suponer que esa presunta amante podría ser una barragana de entre las antiguas protegidas del aizkolari, ni tampoco alguna amiga de Ábalos que pasaba por allí, sino que el señor presidente tiraría más alto, como ha demostrado en sucesivas ocasiones de descalabro protocolario en las que ha tenido la oportunidad de participar con los reyes, queriendo siempre dejar claro que el verdadero rey de la casa era él, no Felipe.  

Naturalmente, en este grado de alucinación temporal, habríamos de dar por bueno que Pedro Presidente y Letizia Reina se llevarían mejor de lo que cabría esperar, tanto como para que algunos escoltas, viendo cosas de las de ver, no de las de alucinar, pudieran entender que ambos actúan de manera impropia para sus altos cargos institucionales. Y, ya puestos, podríamos llegar a la conclusión, siempre dentro de nuestro estado de ensimismamiento por esnifado de raya de carretera, y debido a la ruptura por Pedro Presidente del espacio mínimo vital peripersonal de Letizia Reina, estimado entre 20 y 40 centímetros alrededor de la cara, de que Jaime del Burgo, el amor apasionado de Letizia Princesa, y también de Letizia Reina, padecería un estado celotímico grave que le llevó a largar, ad eternum, los secretos de alcoba más íntimos, ofreciendo una imagen de furor uterino reinante que para sí quisieran las otrora, y veremos si futuras, protegidas profesionales por el aizkolari.  

La euforia provocada por esnifar raya continua de carretera tiene de malo que, con la misma velocidad que nos lleva a lo más alto de la disfunción imaginativa, también nos hace caer en picado dejándonos una cara difícil de recomponer, pero no hay que preocuparse, la cosa tiene solución si nos dejamos caer por una de las clínicas de estética del doctor que atiende a Pedro Presidente y Letizia Reina, se supone que por separado, para que su piel facial mantenga la tersura de tiempos pretéritos, cuando se creía que las rayas continuas de carretera eran simplemente pintura sobre el asfalto y las pashminas una suerte de pañuelos ofrecidos por vendedores ambulantes para personas que, cenando en terrazas, necesitaban un poco de calor antes de entrar en modo tórrido.  

Resulta increíble que la simple imaginación pueda llevarnos a creer y dar por ciertas cosas que no lo son, o tal vez sí, pero nosotros desconozcamos su autenticidad o ni tan siquiera su existencia. No creo que Pedro Sánchez tome sustancias a pesar de su aparente y permanente estado de pupilas dilatadas, algo que puede venir por su querencia de estar pendiente de todo; ni tampoco creo que sea el nuevo amante de la reina Letizia, hay algo en el presidente del Gobierno español que no huele bien, y Letizia es más de perfumes independentistas.  

Pongamos que hablo de sustancias, Óscar. 

martes, 9 de abril de 2024

Monarkia kanpora! La bipolaridad vasca



 Por Javier Bleda 


Uno de los muchos beneficios de Internet es que se puede escuchar casi cualquier radio en casi cualquier lugar, haciendo que lo que antes estaba allí ahora esté aquí y viceversa. Eso me pasó en la mañana del 8 de abril (24) mientras caminaba en solitario por un lugar hecho a la medida de la divinidad. El canto de los pájaros y el sonido de un riachuelo cercano eran suficientes para llevarme a la reconciliación personal conmigo mismo, algo que no siempre es fácil teniendo en cuenta que soy un Libra muy libre, pero en ocasiones, como en este caso, añadí un toque personal al momento bucólico sintonizando Radio Nacional de España, “La Pública” para los amigos, y escuchar el programa “Las Mañanas” de Íñigo Alfonso. No soy persona equilibrada en el halago entre hombres y mujeres, ya que mi naturaleza indómita me hace tener cierta tendencia hacia lo femenino, pero el caso bien merece una excepción, porque este Íñigo aporta en su quehacer diario la calma necesaria en momentos de estrés casi patológicos de la sociedad. 

En un momento determinado, cuando ya no quedaba mucho para las diez de la mañana en España, una hora menos en Canarias, comenzó a sonar un espacio mínimo en el programa, pero cuyos minutos valen tanto como el canto de los pájaros, y es que cada mañana una persona diferente, gente que sabe de letras, pero también de pensamientos, recita su columna escrita en formato de ondas haciendo que la reflexión necesaria se haga notar durante y, sobre todo, después de la escucha. 

Esa mañana del ocho hablaba Oscar Martínez, periodista del periódico salvadoreño El Faro.net. Ya su voz templada, calmada y, a pesar de ello, no menos contundente, dejaba entrever que a sus cuarenta y pocos era persona curtida en el periodismo hecho a fuego lento en lugares poco propicios a la información veraz. Oscar dejaba claro que las redes sociales le parecían “telarañas cazamoscas” hasta que unos jóvenes le habían hecho saber que, muy al contrario, las redes también son “páginas en blanco” en las que poder plasmar lo sosegado. Sonreí mucho cuando trajo Tick Tock a colación, sugiriendo que tiene nombre de “tiempo que se acaba”, y como periodista me quedé muy pensativo con su argumentación respecto a que “La mayoría de triunfadores en esas redes son mediocres que entendieron que si le das placer al público el sustento informativo vale lo mismo que un tuit, nada”. 

Aprovechando que tengo fresco el concepto de páginas en blanco de las redes que apuntaba Oscar, y a pesar de mi alergia al fútbol a partir de un trauma infantil, en esta ocasión me apetece rellenar mi página en blanco hablando de la Copa del Rey ganada hace unos días por un Athletic de Bilbao inasequible al desaliento. Me pareció impresionante la “invasión” bilbaína de Sevilla para asistir a la final, con o sin entradas, igual que sigue siendo impresionante que la ciudad permanezca en estado de catarsis hasta que la famosa gabarra surque aguas con la copa en las manos de los sin duda héroes locales. 

Sin embargo no deja de llamar mi atención que tanta euforia colectiva se deba al hecho de haber ganado una copa del “Rey”, porque puedo entender que cualquier otro trofeo de los muchos que hay relacionados con el balón puedan llevar a la locura pasajera a una población necesitada de alegrías entre txikiteos, pero no una copa que requiere la presencia de Rey de España en su final, que todo el mundo tenga que escuchar el himno nacional de un Estado que no quieren compartir y que, por supuesto, debe ser recibida de manos de un rey que detestan.  

Me pregunto si toda esta alegría futbolera bilbaína, incluso vasca en su conjunto, no tendrá algo que ver con la bipolaridad, porque dicen los que saben de cosas de la mente que este trastorno se caracteriza por sufrir altos y bajos extremos en el estado de ánimo, como por ejemplo lo puede ser el pasar de la euforia a la depresión, y que la euforia aparece sólo en la fase maniaca, aunque de un estado de ánimo a otro no se pasa muy rápidamente, lo que parece ser hecho a medida en el contexto en el que estamos, ya que se han alcanzado cotas extremas de euforia por vencer en el torneo, pero es posible que no se tarde en retornar a la depresión al volver a caer en la cuenta de que lo que se ha ganado es la copa de un rey que para ellos no cuenta y luego, como antes mencionaba de boca de expertos, volver al estado eufórico no será un proceso rápido, puede que incluso sean necesarios otros cuarenta años. 

Como ustedes pueden comprender, esto de que los vascos no comulgan con quien da nombre al torneo que han ganado no es invención mía, ya que recientemente, en 2023, el lehendakari Íñigo Urkullu, uno de los líderes autonómicos que no viajó a Madrid para la jura de la Constitución de la heredera al trono, dijo en aquellos momentos en el Parlamento Vasco que la monarquía en España es “una realidad anacrónica”, defendió una “reforma constitucional” para “habilitar la posibilidad de optar a la república”, criticó la “inviolabilidad” del Rey y manifestó que “es insostenible que la jefatura del Estado se determine por herencia familiar”. 

Un poco antes, en 2020, Joseba Egibar, portavoz del Partido Nacionalista Vasco, negó en el Parlamento Vasco que el Rey de España lo fuera también del País Vasco, argumentando que “Los vascos no tenemos rey. El rey español no es nuestro rey, ni el padre ni el hijo”. 

También en 2020 hubo gente que, convocada por el Movimiento Republicano y con el beneplácito de EH Bildu, Podemos, Ezker Anitza, PCE, CNT, ELA, LAB y CCOO, se concentraron frente al ayuntamiento de Bilbao, delante del Parlamento Vasco en Vitoria-Gasteiz y en el centro de la ciudad en Donostia-San Sebastián, para reclamar el fin de la monarquía y del régimen del 78 bajo la consigna de “Monarkia Kanpora!”.   

Como es público y notorio, los de Bilbao son gente aparte, incluso aparte de los propios vascos, y para muestra creo suficiente mencionar que al otro lado del Nervión está la antigua sede del que fuera Club de Gordos de Bilbao, fundado en 1953, donde había que ser hombre, pesar más de 100 kg y no hacer deporte para optar a ser uno de sus miembros, y si se pesaba más de 120 kg entonces te convertían en socio de honor.  

Al ser yo gente fina, que no necesariamente delgado, más que con el Club de los Gordos prefiero rememorar Bilbao con la dulzura musical del compositor y violinista Juan Crisóstomo de Arriaga, apodado el “Mozart español”, nacido en 1806 en el número 12 de la calle Somera y fallecido veinte años después, en 1826, víctima de la tuberculosis. El título de su primera obra, compuesta a los once años, podría llevarnos a pensar si esto de la bipolaridad vasca es algo que ya viene de lejos, porque “Nada y Mucho”, además de una genialidad para el alma, nos podría ubicar en el sendero de la depresión y la euforia. 

En fin, quede claro que aunque soy de Albacete estoy enamorado de Bilbao, y la ciudad sabe por qué. Sus calles, además de los gordos, los músicos y los futbolistas, también vieron nacer gente muy especial y que gemebunda como nadie en el éxtasis pasional, igual que gente que parece meditabunda pero que, no tengo la menor duda, me podría dar una buena tunda en caso de coyunda. 

Hay que tener cuidado con estos vascos de Bilbao, de ellos se dice que “Kalean uso, etxean otso”, lo que viene a ser un certificado de bipolaridad en euskera mítico. Ahora bien, lo que nunca les perdonaré es que con toda esta historia de la independencia no quieran llevarse al Rey de Copas y pretendan dejárnoslo en el Estado español. No es justo, estoy indignado, los que están contentos por la copa son ellos, si tuviera delante al capitán del Athletic le diría “Joan pikutara!”.  

Crédito foto: Izquierda Web