domingo, 24 de mayo de 2026

LA DRAMATURGIA RESPECTO DE LOS ABUSOS SEXUALES Y LA LIBERTAD DE INFORMACIÓN


Por Javier Bleda


Tengo un canal en Youtube, por si a alguien le interesa, que se llama “@javierbledaperiodista”. El pasado 28 de abril de 2026 publiqué un vídeo titulado «Ramón Paso. Dramaturgo. `Les hacía ir con las bragas en la mano’».

Esto de las bragas en la mano no era un titular mío, sino algo que consta en la querella que la Fiscalía Provincial de Madrid ha interpuesto contra Ramón Paso en referencia a que el director teatral hacía ir a alguna o algunas de las demandantes «con las bragas en la mano para entregárselas a él».

Claro que esto de las bragas tampoco es lo peor porque también, según la querella, les hacía ir al ginecólogo acompañadas por alguna de las mujeres de su círculo de confianza para que tomasen la píldora del día después, seguramente porque el dramaturgo, igual que el rey Juan Carlos, según describía Bárbara Rey, la mujer que extorsionaba vaginalmente al Estado, no sería muy amigo de usar métodos de protección en sus presuntas andanzas bajoteatrales.

Debo reconocer que me encantaría charlar tranquilamente de este asunto con la Fiscal Investigadora Ana María Galdeano Santamaría, ahora fiscal ante el Tribunal Constitucional, especialista en violencia de género y victimología y autora del magnífico libro Una visión integral sobre la violencia de género, editado por Aranzadi. Me refiero a esta fiscal porque fue una de las primeras autoridades que tuvo conocimiento de este caso y, desde luego, si algún día fuera posible hablar con ella, preferiría hacerlo tomando un café, porque a mí las fiscalías siempre han sido lugares que me han dado un poco de yuyu.

El 22 de mayo de 2026 recibí en mi correo de Gmail, bledamail, un comunicado de Youtube dándome a conocer que me habían bloqueado dicho vídeo en España al haber recibido una reclamación por difamación relativa al contenido del vídeo. Esto de la reclamación por difamación es un tanto surrealista, basta que al individuo mencionado no le guste lo que se dice de él para que, de partida, el vídeo quede bloqueado. Por supuesto que Youtube te da la opción de reclamar, pero solo una vez, y si tu reclamación no les parece bien se acabó, te puedes meter tu orgullo de youtuber no andorrano por donde quieras, incluso puedes buscar la rima con lo de andorrano. Esto les pasó también a mis colegas del canal Aprueba con Nota Alta, quienes también recibieron, un día antes que yo, un correo de Youtube bloqueando el magnífico vídeo que habían hecho haciéndose eco del mío bajo el título: El oscuro secreto del teatro español: El caso Ramón Paso. Por cierto, ellos, son dos, Javier y David, ya han hecho la reclamación por el canal correspondiente y la respuesta de Youtube ha sido la que al parecer imaginaban, pero no esperaban: No hay nada que hacer.

El teatro, por definición, es el arte de la representación, el juego de espejos donde la ficción nos ayuda a comprender las complejidades de la condición humana. Sin embargo, cuando la cruda realidad irrumpe en el patio de butacas con la fuerza de una querella judicial, el decorado se desmorona por completo. Deja al descubierto, sin paños calientes, las dinámicas más oscuras del abuso de poder. El caso del dramaturgo y director teatral Ramón Paso, denunciado como decía antes por la Fiscalía Provincial de Madrid tras recabar los testimonios de 14 mujeres jóvenes, no es un hecho aislado ni un simple asunto de crónica negra; es el fiel reflejo de un patrón estructural que las artes escénicas, y la sociedad en su conjunto, aún arrastran como una pesada y dolorosa cadena.

Las informaciones publicadas por la prensa a raíz del escrito del Ministerio Fiscal son demoledoras y exigen una profunda reflexión colectiva. Detrás de los focos, el prestigio de un apellido con innegable solera literaria, lo que no garantiza nada, y los aplausos de montajes como Jardiel enamorado, los medios de comunicación desvelaron un presunto modus operandi meticuloso, prolongado en el tiempo y asimétrico. Según la querella, fruto de una exhaustiva investigación previa de la abogada de las víctimas y de la propia Fiscalía, el director presuntamente utilizaba los procesos de selección y los castings de su compañía, Paso Azorín Teatro, como un embudo de captación. El perfil de las denunciantes responde a un patrón de vulnerabilidad compartida: actrices muy jóvenes, de entre 18 y 25 años, muchas de ellas recién llegadas a Madrid, en situaciones económicas o familiares precarias, y con el legítimo y noble sueño de hacerse un hueco en una profesión históricamente inestable.

Lo que la Fiscalía describe en su texto no es un cúmulo de malentendidos o una cuestión de «carácter difícil», sino un auténtico sistema de hostigamiento, humillación y agresión continuado entre los años 2018 y 2023. El relato que hicieron mis colegas periodistas, la mayoría en 2024, detalla dinámicas que hielan la sangre: exigencias de acudir a los ensayos sin ropa interior bajo pretextos supuestamente artísticos, insultos degradantes disfrazados de «dirección actoral», coacciones explícitas en el ámbito privado y agresiones sexuales. Todo ello, bajo la constante amenaza velada de destruir sus incipientes carreras profesionales antes de que hubieran comenzado. El consentimiento, en este escenario, quedaba completamente anulado por el miedo, la manipulación psicológica y el prevalimiento de quien ostentaba el control absoluto sobre el escenario, los contratos y el futuro laboral de las víctimas.

La reacción de la industria y de los compañeros de profesión fue fulminante tras conocerse la gravedad de la denuncia, marcando una distancia saludable con épocas pasadas donde imperaba el encubrimiento.

La suspensión definitiva de la obra que estaba en cartel en el Teatro Infanta Isabel de Madrid y la contundente renuncia del actor protagonista, Pepe Viyuela, marcaron un punto de inflexión. Viyuela, al declarar públicamente que no tenía «tripas para salir a escena» tras conocer la magnitud de los hechos, personalizó la repulsa de un sector que ya no está dispuesto a ser cómplice por omisión.

Ante un relato de hechos tan abrumador, la pregunta que inevitablemente surge es qué ocurre en la mente de un individuo para edificar semejante engranaje de sumisión. ¿Qué lógica opera en la cabeza de un director para que catorce mujeres terminen coincidiendo en una misma acusación de agresión y abuso? La psicología forense y del comportamiento criminal ofrece respuestas claras que se ajustan con precisión a lo que la Fiscalía describe en las subfunciones teatrales y los ensayos de Paso.

En el núcleo de este tipo de agresores, presunto en el caso de Paso, no suele latir un impulso puramente sexual, sino una profunda obsesión por el control y la dominación. Para un perfil narcisista y asimétrico, el entorno de un ensayo cerrado funciona como un laboratorio de impunidad perfecto. El director se autopercibe como un demiurgo, un dios creador con potestad absoluta para moldear no solo el personaje, sino la psique y el cuerpo de la actriz. En su mente, las exigencias degradantes, como desnudarse o ensayar sin ropa interior bajo la falsa bandera de la «búsqueda de la verdad dramática», no son herramientas artísticas, sino test de resistencia psicológica. Son mecanismos diseñados para calibrar hasta dónde puede estirar su poder fálico y el nivel de sumisión de la víctima.

Existe, además, un rasgo psicológico fundamental: la disonancia cognitiva, que dicen los psicólogos, y la total ausencia de empatía. El abusador estructural rara vez se ve a sí mismo como un monstruo; justifica sus actos convencido de que su «genio» le otorga derechos especiales o asumiendo que el peaje de la humillación es el precio natural que las jóvenes promesas deben pagar por aprender de él. Cuando la asimetría es tan brutal, un director consagrado en su propia mente frente a una actriz de 18 años cuyo sustento y futuro dependen de un hilo, el agresor confunde el silencio paralizante del terror con la complacencia. Su mente racionaliza la coacción como si fuera un pacto aceptado, alimentando un sentimiento de omnipotencia que le empuja a normalizar el abuso de manera sistemática, creyéndose intocable tras las paredes del teatro. Y ahí Ramón Paso debía sonreír con algo parecido a una erección lingual, si es que las cosas finalmente fueran coincidentes con el relato de la fiscalía.

Este caso vuelve a colocar en el centro del debate público la urgente necesidad de revisar los límites de la autoridad en los entornos creativos. Durante siglos, el mito romántico del director implacable y destructivo, cuyo talento supuestamente justificaba cualquier exceso, ha servido de escudo protector para conductas intolerables. Se ha confundido, de forma perversa, la intensidad dramática con la humillación personal, y la entrega vocacional con la sumisión absoluta. Las denuncias que han salido a la luz demuestran que el verdadero arte no necesita del sometimiento ni de la destrucción de la autoestima ajena para brillar. Las escuelas de interpretación y las compañías de teatro deben ser espacios seguros de experimentación y libertad, no cotos de caza para el abuso.

Además, el eco mediático de este caso ha abierto un debate necesario sobre el papel de los códigos de conducta y los protocolos de prevención en el tejido cultural. La vulnerabilidad laboral del actor, que a menudo encadena contratos temporales y depende de la aprobación subjetiva de un director para trabajar, genera un caldo de cultivo ideal para el chantaje emocional y laboral. El «caso Ramón Paso» demuestra que los mecanismos tradicionales de denuncia interna han fallado o directamente no existían, ni existen, en las estructuras de las medianas y pequeñas compañías, obligando a las víctimas a un proceso de resistencia silencioso que ha tardado años en canalizarse por la vía judicial.

La justicia penal seguirá ahora su curso, amparada en la necesaria presunción de inocencia que rige todo Estado de derecho, pero el dictamen social, ético y cultural ya ha comenzado a redactarse en las páginas de los periódicos y en los camerinos. La valentía de estas 14 mujeres, a las que, según los reportajes de investigación, podrían sumarse más testimonios de actrices que vivieron situaciones idénticas, abre una grieta irreversible en los muros del silencio del teatro español. Ya no es admisible el viejo y cobarde mantra de «se sabía, pero nadie decía nada». El caso de Ramón Paso es una dolorosa e inapelable llamada de atención: la creación artística nunca, bajo ninguna circunstancia, puede situarse por encima de la integridad moral, psicológica y física de las personas. Es hora de bajar definitivamente el telón de la impunidad y entender que el aplauso carece de valor si se sostiene sobre el sufrimiento oculto detrás del escenario.

Precisamente en este contexto del debate entre el mantenimiento de la presunción de inocencia y el derecho a informar, la profesora de la UOC y periodista, Ana Bernal-Triviño, el 20 de abril de 2024, escribió en El Periódico el artículo El derecho a informar y el escudo de la presunción: límites y libertades en el periodismo de tribunales, en el que habla sobre el caso Ramón Paso. Transcribo aquí un resumen de su artículo dado que me parece absolutamente importante conocer su aportación.

«Es un error común, a menudo utilizado como estrategia de defensa por los investigados, pretender que la presunción de inocencia actúe como un bozal para la prensa. La presunción de inocencia es, fundamentalmente, una garantía procesal: exige que nadie sea condenado judicialmente sin pruebas de cargo concluyentes y que el Estado trate al investigado como inocente durante el proceso. Pero este derecho no anula el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz, ni la obligación de los periodistas de difundirla, especialmente cuando proviene de una institución oficial y pública como es el Ministerio Fiscal».

«Para que la libertad de información prevalezca de forma legítima sobre el derecho al honor o la presunción de inocencia, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional exige el cumplimiento estricto de dos requisitos que se dan por entero en el "caso Ramón Paso":

1-      El interés público de la noticia: Es incuestionable. Afecta a un director de renombre, con obras en teatros comerciales, y destapa un presunto patrón de abusos en el ámbito cultural que involucra a catorce denunciantes.

2-      La veracidad de la información: En el periodismo riguroso, "veracidad" no significa poseer la verdad absoluta del juicio antes de que se celebre, sino haber realizado un trabajo de contraste y basarse en fuentes objetivas y fiables. Informar de que la Fiscalía ha interpuesto una querella tras culminar sus diligencias preprocesales y tomar declaración a las víctimas no es difamar; es narrar un hecho administrativo y judicial incontrovertible. Los periodistas no inventan la acusación: reportan el paso dado por el Ministerio Público».

«La prensa libre no puede esperar a que exista una sentencia firme para informar sobre una investigación judicial en curso; de ser así, la sociedad viviría a oscuras respecto a los procesos que la configuran y la protegen».

«Que Ramón Paso tenga derecho a defenderse y a no ser condenado antes de tiempo en un tribunal no impide que los periodistas ejerzan su derecho constitucional de contarle al mundo que catorce mujeres, respaldadas por la Fiscalía, han decidido romper el silencio».

En otra línea de trabajo, pero no menos importante, la escritora Lucía Etxebarria publicó en The Objective, el 19 de abril de 2024, el artículo Ramón Paso, uno de los nuestros. El sesgo endogrupal. Extraigo algunas de sus líneas:

«Lo curioso es que Ramón Paso dirigía la compañía Paso Azorín qué se calificaba a sí misma como «feminista». Copio y pego de uno de sus folletos: “La compañía PASOAZORÍN TEATRO sigue apostando por un teatro crítico y reivindicativo, centrado en el compromiso social con dos ejes fundamentales: el feminismo y la recuperación de la Memoria Histórica”».

«¿Lo encuentran ustedes raro? Yo no, lo más mínimo. Hago talleres de escritura expresiva, como ustedes ya saben, y también hago en ocasiones sesiones privadas. La mayoría de mis clientes son mujeres. Y he escuchado muchísimas veces historias, en talleres y sesiones, que se parecen mucho a la historia que cuentan las chicas que denuncian a Ramón Paso. La historia que supongo que es la historia de las chicas que fueron (presuntamente) acosadas por Paso».

«No desconfían de él en principio porque se presenta como feminista. “Es uno de los nuestros, es una buena persona”. Si se hubiera tratado de un director que hubiera manifestado claramente, por ejemplo, su afiliación o simpatía por el partido Vox, no hubieran trabajado con él. Pero Ramón Paso era un aliado feminista, y como él mismo se identificaba así, ellas no podían creer que fuera un predador. Incluso cuando una chica se atrevió a denunciar se encontró con que el grupo hacía piña alrededor de Ramón Paso. Fue una mujer que le denunció por acoso hace cuatro años. El resultado es que ella perdió su trabajo y que toda la compañía apoyó al director».

Ramón Paso, Shangela (Darius Jeremy Pierce), Emile Cilliers, El padre Fran, Jerry Sandusky. «Les he dado cinco casos distintos de depredadores sexuales. En los cinco casos se infiltran en espacios donde saben que pueden encontrar a sus víctimas. En los cinco casos se camuflan para dar una apariencia de respetabilidad, autoridad, prestigio: un aliado feminista, un sacerdote, un entrenador universitario, un sargento, un activista LGTBQ. Su camuflaje le permite en primer lugar tener acceso a las víctimas. En segundo lugar, que le perciban como alguien respetable, que confíen en él. Y en tercero, que las víctimas no se atrevan a denunciar, porque saben que el grupo no las va a creer».

«Por eso las víctimas de Ramón Paso habrían desconfiado desde el primer momento, desde la primera caricia fuera de lugar, desde el primer grito que no venía cuento, desde la primera insinuación libidinosa, si el director hubiera sido simpatizante de Vox… Pero no desconfiaron de un autoproclamado aliado feminista. Por eso Ramón Paso pudo agredir a catorce mujeres (presuntamente). Porque en su entorno era “uno de los nuestros” y siempre le defenderían».

«El sesgo endogrupal surge de forma natural e instintiva debido a nuestra necesidad de identificarnos con un grupo social distinto. Tan pronto como nos categorizamos como pertenecientes a un endogrupo y notamos que otras personas pertenecen a un exogrupo, tendemos a actuar y pensar a favor de nuestro endogrupo. Por eso, como a Ramón Paso se le veía como un representante claro y muy definido de cierta ideología se tendía a darle la razón y a ignorar todo lo malo que rumoreaba sobre él».

La Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro, una asociación de profesionales de la escena española que lucha por la igualdad absoluta, la visibilidad y la creación de oportunidades laborales para la mujer en el teatro, afirmó hace ya unos cuantos años estar diametralmente en contra de cualquier abuso contra cualquier persona de cualquier edad, género o condición, de ahí que publicasen un duro manifiesto contra el acoso en el teatro que es necesario reproducir porque, al leerlo, no hay que dar muchas más explicaciones.

*El uso de la palabra «puta» en el manifiesto es en relación al significado peyorativo imperante en el lenguaje cotidiano.

Manifiesto contra el acoso en el teatro #StopAcoso

Una profesión de putas

Oscar Wilde: Todo en la vida trata sobre el sexo, excepto el sexo. El sexo trata sobre el poder.

Hasta tal punto hemos asumido que el teatro es una profesión de putas que David Mamet tituló así uno de sus libros sobre teoría escénica. Está en el imaginario colectivo, forma parte del prejuicio de familias que ven con malos ojos que sus hijas quieran ser actrices, ¡y cuántas veces no lo hemos mencionado de broma! Pues no, digámoslo alto y claro, la nuestra no es una profesión de putas: es una profesión de depredadores sexuales que abusan de su posición dentro de la industria, amparados por las dinámicas sociales; es una profesión de mujeres y hombres asustados, conscientes de la fragilidad de eso tan abstracto que llamamos reputación, de lo que significa hablar una vez y ser estigmatizado de por vida; es una profesión en la que actrices, directoras, dramaturgas, escenógrafas, regidoras, iluminadoras, técnicas de sonido, coreógrafas, etc., seguimos siendo tratadas como trabajadoras de segunda clase, víctimas del paternalismo ejercido desde el poder; y también, asumámoslo, en una profesión con mucha gente que aprendió bien las reglas del club de los hombres, ahora les benefician y prefieren no cambiarlas a mitad de partido. Pero cada vez somos más los que queremos dinamitar este sistema porque es demencial.

Es demencial que hayamos asumido que las insinuaciones, toqueteos y relaciones sexuales sean el peaje de entrada y el camino de ascenso en una carrera artística, sean o no consentidos, porque si el sexo no nace del deseo, es utilitario y, por ende, refuerza el sistema de dominación vigente: no hay mayor victoria para el opresor que el oprimido asimile su escala de valores. Es inadmisible que una víctima prefiera callarse tras ser agredida, porque asume que nadie la creerá, que nadie la protegerá. Es doloroso que tantos hombres, aun luchando a nuestro lado por la igualdad, capaces de reconocer la brillantez de muchas mujeres, instintivamente dudarán cuando ellas les cuenten su propia experiencia de acoso, porque... ¿seguro que no lo has entendido mal? Pues no: lo entendemos perfectamente. Somos miles repitiendo historias análogas.

Esta es nuestra experiencia del mundo, compartida y global. Es una experiencia inasumible por más tiempo. Por eso tenemos que cambiarla AHORA entre todos.

El acoso sexual es estructural y tiene grados; va desde la nada sutil apertura de piernas bajo una mesa (tras la cual, si no correspondes, lo más seguro es que no vuelvas a saber nada de ese productor/director/actor) hasta la violación (tras la que, si denuncias, lo más seguro es que no vuelvas a saber nada de ningún productor/director/actor), pasando por las vejaciones en los castings, las reuniones en restaurantes “a solas”, las invitaciones a clases privadas y un largo etcétera. No vale con culpar a la víctima: estamos demandando que una sola persona se enfrente a todo un sistema, con sus inercias sociales, profesionales y judiciales, sabiendo que va a perder.

Ni tampoco vale con decir que ahora no se le va a poder guiñar un ojo a una mujer; cualquiera puede diferenciar entre el amable intento de seducción de alguien que, finalmente, no te interesa, del acoso en cualquiera de sus grados. Es más: el acosador también sabe diferenciarlo, porque no busca el sexo o el amor, sino ejercer su poder.

No vuelve a llamar a quien le rechaza porque es un recordatorio de su propio fracaso como dominador. Dejemos de extender pátinas de romanticismo, torpeza o infantilidad sobre los acosadores, dejemos de responsabilizar a cada víctima de no enfrentarse ella sola a Goliat. La eficacia llega con acciones coordinadas y colectivas, mujeres y hombres, de manera inmediata.

La industria teatral en España permanece silenciosa, a pesar de que hay secretos a voces sobre grandes nombres que parecen intocables. Desde la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro (LMPT) nos comprometemos a apoyar campañas en contra del abuso a mujeres en todos los ámbitos y a prestar atención a todas las denuncias públicas, con nombres y apellidos, para que estas situaciones sean la excepción, no la norma.

Dejemos de tener miedo y, si es necesario, que rueden cabezas. Que el estigma sea para el agresor. Que se le cierren las puertas al que acosa, al que humilla, al que intimida, al que se aprovecha, al que chantajea, al que amenaza. Para que la siguiente generación, o la siguiente, o quizá la siguiente, ya no sepa qué significa eso de que el teatro es "una profesión de putas".

Una vez expresado el hecho informativo referido a Ramón Paso y la durísima querella de la Fiscalía Provincial de Madrid contra él, en la que se recogen las denuncias de 14 mujeres presuntamente maltratadas y abusadas sexualmente, creo que merece la pena echar también un vistazo a otros hechos relacionados con la querella, pero no incluidos en ella por no ser constitutivos de delito (supongo) y porque nadie los ha denunciado, posiblemente porque simplemente sean hechos casuales.

El, a veces mediático, Jacobo Teijelo es el abogado de Ramón Paso en este caso de los presuntos abusos sexuales. Este Teijelo es aquél que defendió a la Exuperancia del vídeo sexual de Pedro J, porque había que quedar bien con las cloacas profundas del PSOE, que fueron las que hicieron el vídeo; es también el mismo que ha dado cobertura en su despacho profesional a las reuniones de La pequeña Nicolasa, Leire Díez, llamada por algunos fontanera del Partido Socialista sin especificar qué tipo de tuberías ponía a punto. Es el mismo Teijelo que, al parecer, preparó un expediente queriendo demostrar que las chicas presuntamente abusadas, y ciertamente  denunciantes contra Ramón Paso, tenían redes sociales, iban a la playa y hasta se ponían bikini. Vamos, lo de siempre, la mujer abusada es una puta y el presunto maltratador un ser de luz divina a quien están intentando fastidiar su proceso de canonización. 

Por añadir un poco más de intriga al asunto, recojo aquí lo publicado por el digital Voz Populi el 3/07/2025, firmado por el periodista Isaac Blasco, con el titular Jordi Évole gestionó el abogado para 'su' amigo Cerdán a través de su pareja, la exdirigente de la CUP Anna Gabriel.

Resulta que Jordi Évole, el del programa Lo de Évole, (estuvo bien aquella entrevista al Papa Francisco, sobre todo cuando el Papa dijo aquello de «No verás camiones de mudanzas en los entierros»), gestionó la contratación del abogado Benet Salellas para la defensa del exsecretario de Organización socialista Santos Cerdán, en prisión preventiva desde el pasado lunes por su presunta implicación en la creación de la red dedicada al cobro de mordidas a cambio de influir en adjudicaciones públicas.

Para establecer el contacto con Salellas, Évole, que mantiene lazos de amistad con Cerdán, recurrió a las gestiones de Anna Gabriel, su pareja y exdirigente de la CUP, formación de la que también fue diputado el letrado del socialista preso en la cárcel madrileña de Soto del Real.

Évole ha expresado de forma pública el aprecio "político" por Cerdán, así como su reconocimiento en torno a la labor del hoy reo en la negociación sobre la amnistía con Carles Puigdemont. Al margen de esta admiración, expresada por el también cómico y guionista en algunos artículos de prensa, mantiene vínculos personales con el que fue hasta hace unas semanas el hombre de la máxima confianza de Sánchez en el PSOE.

Las fuentes consultadas por Vozpópuli aseguran que "nada tiene de casual" que Jacobo Teijelo, letrado ligado a Díez, haya visitado a Cerdán en prisión a las pocas horas de su ingreso. Las mismas fuentes tienen pocas dudas sobre que la estrategia de Salellas, que ha optado por ejercer una línea de defensa abonada a la teoría de la conspiración política dirigida a tumbar al Ejecutivo que tendría en su cliente a una víctima por su papel decisivo en la "arquitectura" de los Gobiernos "progresistas" de Pedro Sánchez, se encuentra "coordinada" por Teijelo y su entorno, y de hecho este ya se ha habría incorporado al equipo de abogados del exsecretario de Organización, una condición que quedó sentada desde la misma contratación de Salellas a instancias de Évole y por medio de las gestiones de Anna Gabriel.

Hasta aquí nada raro ni nada que objetar al hecho de que Teijelo se integre en el equipo que defiende a Cerdán, ni tampoco que Ébole y Anna Gabriel urdieran amicalmente todo este entramado (por cierto, Anna Gabriel me parecía mucho más tremendamente interesante cuando, desde la CUP, mostraba su rebeldía con el sistema, incluso con su aspecto y vestimenta, y no como ahora, que parece una pija del PP, o peor aún, una señorona del gobierno socialista).

Digo que no tengo nada que objetar por esto, pero a los que me conocen no les extrañará que me salten todas las alarmas cuando resulta que Évole estaba preparando un programa sobre el tema de los abusos sexuales en el teatro, dentro de una suerte de campaña del movimiento me too en España. Tanto es así que la propia Julia Badenes, periodista del programa de Évole (Julia, felicidades por tu guion de la entrevista No me llames Ternera), llamó a las chicas denunciantes contra Ramón Paso con el fin de ir organizando el programa. Pero el programa nunca se emitió. ¿Tendría Teijelo algo que ver con ello, Dios mediante (donde pone Dios cambiar por PSOE)? Si no fue Teijelo, ¿Quién movió los hilos para que el programa no viera la luz? O quién se opuso.

Y ya puestos a hablar del Partido Socialista, no podía faltar la abogada de las 14 chiquillas, Luisa Estévez Martínez, presidenta de la Fundación Pedro Zerolo.

Para quien no lo sepa, Pedro Zerolo fue miembro del Comité Ejecutivo Federal del PSOE y luchador incansable de la causa LGTB (si faltan letras que cada cual las ponga, yo ya me perdí hace mucho tiempo, soy un señor mayor). En el acto de constitución de la fundación, el 20 de julio de 2018, hubo una gran afluencia de figuras importantes del socialismo español, entre ellas el expresidente del Gobierno de tan infausta actualidad, José Luis Rodríguez Zapatero. Por cierto, actualmente aparece como patrono en la web de la Fundación, cada cual es libre de elegir sus compañeros de viaje.

Voy a dejar algo claro, en absoluto tengo la más mínima duda respecto al inconmensurable trabajo profesional de la abogada de las denunciantes, ha tenido que currárselo, mucho no, muchísimo, además de, como mujer, tragarse todos los sapos que ellas echasen por la boca narrando sus tremendas experiencias con el presunto dramaturgo depredador (Aviso: lo de presunto vale para depredador, porque dramaturgo se supone que sí lo es).

Aclarado queda entonces que el trabajo de la abogada se ha debido ajustar a la profesionalidad, como no puede ser de otra manera, sobre todo dada su dilatadísima experiencia letrada, pero nadie podrá negarme que tengo motivos para estar inquieto al ver Partido Socialista por todas partes y a Jacobo Teijelo comandando la defensa de unos y otros, también la de Ramón Paso. Y, a más a más, como dicen los catalanes, sabiendo que, además de abogado, ejerce también de amigo del presunto depredador, tanto que no duda en aparecer en las fotos de su 50 cumpleaños que el presunto cuelga en sus redes sociales.

Debo aclarar, igual que he aclarado lo de la abogada de las nada presuntas perjudicadas, que no me parece muy ético que un abogado de alguien, querellado por la fiscalía por delitos de semejante gravedad, haga visible su cercanía con el cliente en fiestas donde el ambiente femenino fácilmente apreciable es muy similar, o el mismo, al que se narra en las denuncias. ¿Puede ir Teijelo donde le salga de las narices? Por supuesto, además lo ha hecho. Pero yo también puedo opinar, y en este caso de las fiestas letradas estoy dando mi opinión.

En fin, todo este artículo interminable, como dije al principio, es porque Youtube me ha bloqueado en España el vídeo donde informo del caso Ramón Paso. Igual que a mis colegas de Aprueba con Nota Alta. Me gustaría saber de qué lado está Neal Mohan, CEO de Youtube, si del lado de la libertad de Información o de los abusos sexuales que denuncia la fiscalía. No creo necesario que responda, es fácil adivinar que está en el lado correcto, pero el caso es que ha sido él, como máximo responsable de la empresa, y no otro, quien me ha bloqueado el puto vídeo.

Pero, como mi vídeo donde lo han bloqueado es en España, creo que, en lugar de Neal Mohan, debería ser Lino Cattaruzzi, director general de Google para España y Portugal, empresa matriz de Youtube, quien tomase la decisión de si el honor de 14 chiquillas, porque aunque sean mujeres siguen siendo chiquillas, vale más, o menos, que la presunción de inocencia de un tipo al que la propia Fiscalía Provincial de Madrid acusa de hechos verdaderamente perversos. Les pido a los dos que busquen «Ramón Paso querella de la Fiscalía», para que puedan comprobar que en el vídeo ahora bloqueado no hice otra cosa que la que ya habían hecho antes mis compañeros de muchísimos medios de comunicación, tal vez así entiendan que anular la emisión del vídeo «Ramón Paso. Dramaturgo. Les hacía ir con las bragas en la mano», no era de broma, ni mucho menos una «difamación», como suele denominar Youtube estas cosas, sino un periodista, yo, informando para que esto no se olvide, porque mientras la Justicia lleva su desgraciado paso lento, otras mujeres jóvenes podrían ser nuevas PRESUNTAS víctimas de un individuo querellado por Fiscalía y del que nadie entiende, ni yo tampoco, que no esté cumpliendo hace tiempo prisión provisional sin fianza. Suponiendo que alguien pidiera que esto último se ejecute, que no lo sé.

Ni de coña pienso reclamar para que vuelvan a poner mi vídeo operativo de nuevo en el canal. A mí me da igual que se vea el vídeo en España o que no se vea, pero que las empresas que han permitido que la libertad de información y de expresión lleguen a niveles nunca antes vistos, sean al mismo tiempo los censores implacables de esas libertades, es para hacérselo mirar. Nosotros, los usuarios. No ellos.


*LISTADO DE ALGUNOS DE LOS MEDIOS QUE PUBLICARON EL CASO DE LOS PRESUNTOS ABUSOS SEXUALES DE RAMÓN PASO

El caso de la querella de la Fiscalía contra Ramón Paso tuvo un impacto mediático enorme en España, siendo cubierto de manera unánime por prácticamente la totalidad de los medios de comunicación nacionales, tanto de prensa escrita y digital como de radio y televisión.

Este es el desglose de los principales medios que informaron detalladamente sobre el caso a partir de que saltara la noticia:

Agencia EFE y Servimedia: Fueron las principales agencias que distribuyeron los cables informativos y los detalles jurídicos de la querella a todo el territorio nacional.

El País: Realizó un seguimiento continuo del caso, analizando el escrito de la Fiscalía y el impacto en el sector cultural.

El Español: Explicó el paso dado por la Fiscalía Provincial de Madrid y cómo las 14 víctimas iniciales habían ratificado sus declaraciones en sede fiscal.

El Mundo: Aportó información propia e investigaciones de contexto sobre el perfil de las denunciantes.

El Confidencial: Fue uno de los medios que adelantó datos exclusivos sobre los testimonios y los detalles de las diligencias fiscales.

ABC: Informó puntualmente sobre la querella del Ministerio Público y las decisiones de suspender la obra en cartelera.

La Vanguardia y El Periódico de Catalunya: Cubrieron la noticia tanto en sus cabeceras digitales como impresas con un enfoque jurídico y de sector.

Eldiario.es y El Salto: Analizaron a fondo las implicaciones del abuso de poder dentro del mundo del teatro y el tejido de la industria cultural.

RTVE (La 1 y Canal 24 Horas): Cobertura en los Telediarios informando sobre la querella de la Fiscalía de Madrid y recogiendo las declaraciones del actor Pepe Viyuela.

La Sexta (laSexta Noticias y Más Vale Tarde): Detalló extensamente el relato de los hechos incluidos en el escrito del Ministerio Público y el modus operandi en los castings.

Antena 3 (Antena 3 Noticias): Siguió la actualidad judicial del caso en sus principales ediciones informativas.

Telecinco y Cuatro: Abordaron la noticia tanto en sus espacios informativos habituales como en los programas de actualidad y mesas de debate matinales y vespertinas.

Cadena SER: Una de las primeras emisoras en detallar las tipologías penales incluidas en la querella (agresión continuada, coacciones y acoso).

Onda Cero: Cubrió el avance de las denuncias e informó puntualmente cuando se conoció la intención de más actrices de sumarse a la causa.

COPE y RNE: Ofrecieron actualizaciones constantes de la situación penal del dramaturgo en sus boletines y espacios informativos.

efeminista (Agencia EFE): Enfocó la información desde la perspectiva de la violencia de género, el análisis de los protocolos de protección a creadoras y el comunicado de la Unión de Actores.

Medios autonómicos (Telemadrid, Canal Sur, TVG, entre otros): Debido a que los hechos ocurrieron y se denunciaron formalmente en Madrid, los medios de la capital y las distintas televisiones públicas autonómicas hicieron un seguimiento prioritario de las repercusiones en las carteleras locales.

jueves, 22 de mayo de 2025

De Monjas y Demonios


por Javier Bleda

Siempre he sentido atracción por escribir novela negra, pero mi faceta de periodista tiraba más que la de escritor y lo he ido dejando hasta casi convertirme en un señor mayor. Ahora por fin voy a dar el paso, pero lo haré mezclando al periodista con el escritor, de ahí el título de la colección Novela Negra Social, es decir, novela negra basada en la realidad de la sociedad, en hechos reales publicados y que, por su propia naturaleza, pueden ser fuente de inspiración para una novela.

De Monjas y Demonios es un relato basado en la afirmación de las monjas clarisas y cismáticas de Belorado de que el demonio se les aparecía en la pantalla del ordenador y escuchaban llantos de niños y todo tipo de elementos paranormales compatibles con una presencia diabólica. 

La colección se presenta únicamente en formato digital y versión mini ebook, concretamente el primer número tiene 40 páginas y su precio es de 3,5 € + IVA..

Por cierto, si eres de las personas que se ofenden rápido, mejor no leas este libro, a veces los temas relacionados con la religión no siempre son bien entendidos, especialmente si incluyen el sexo entre sus líneas, y ello a pesar de que todas las religiones, y sobre todo la Iglesia Católica, han demostrado por activa y por pasiva que el sexo forma parte de la liturgia que conforma el eterno equilibrio entre el bien y el mal.

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JAVIER BLEDA EBOOKS




viernes, 2 de mayo de 2025

A propósito de un libro: Su Majestad Sandra Mozarowsky

Por Javier Bleda   

Un buen amigo, cuyo mejor criterio suelo tener en alta consideración, me dijo hace poco que por qué seguía hablando de Sandra Mozarowsky en relación al rey Juan Carlos siendo que se trataba de un hecho ocurrido hace 48 años y, por supuesto, ya prescrito, aunque en este caso no es necesaria la prescripción porque el Rey por aquél entonces ya era inviolable e inimputable, según la Constitución recién aprobada (lo de “inimputable quiere decir que no se le podía imputar por delito alguno, no confundir con el hecho de que pudieran no gustarle las meretrices, porque sí le gustaban).  

Mi amigo también añadió que, hoy en día, la mayor parte de la población ya ni se acuerda de quién era esa chica y pasan de los pinitos que pudiera hacer el ahora emérito porque ya están aburridos de los asuntos de bragueta de Casa Real.  

Es cierto que ya estamos tan amedrentados con las nuevas amenazas, incluso con la angustia de si en el kit de supervivencia europeo tendremos que meter preservativos u otros rudimentos mecánicos para el placer, que algo ocurrido hace casi medio siglo puede parecer extemporáneo, pero lo cierto es que hay muchas personas que quieren saber, que no se conforman con el olvido y que, a pesar de que la incertidumbre actual es preocupante, no quieren dejar de estar al tanto de ciertas acciones cuya etiología podría estar asentada sobre el que se supone debiera ser el pilar más ejemplarizante del Estado: el Rey. 

Andrés Casinello, quien fuera director del SECED durante la transición, y hombre para “todo” de Adolfo Suárez, dijo en una entrevista que: “Algunas cosas es mejor que no se sepan nunca”. Hay frases cuya trascendencia depende no solamente de su contenido, sino de quién las dice, y cuando mezclamos ambas cosas la situación puede ser explosiva. El SECED no era un juego de la señorita Pepis, sino los servicios secretos de la dictadura, o al menos uno de ellos, y desde luego no se andaban con tonterías cuando necesitaban conseguir algo, eso de la autorización judicial se lo pasaban por el forro, igual que los de ahora, que sí que lo tienen muy en cuenta, pero también siguen haciendo lo que quieren. Es por esto, porque en aquellos tiempos difíciles de inicios de la democracia todavía perduraban los servicios secretos franquistas, y aunque después cambiaron de nombre tampoco es que la cosa fuera muy diferente más allá de las siglas, que esta frase tiene su aquél siendo que fue dicha por quien llegó a ser militar de muy alto rango. Es evidente que si algunas cosas “es mejor que no se sepan nunca” será porque no fueron ajustadas a Derecho o, como mínimo, al comportamiento justo que uno espera de las autoridades que deben proteger a la ciudadanía en lugar de someterla. Pero así eran las cosas entonces y por ello no es de extrañar que un ser mayestático, en su inviolabilidad constitucional y su cuasi convencimiento de que el derecho de pernada seguía siendo potestad de los poderosos, hiciera lo que le diera la real gana, incluso si el antojo era abusar de una niña menor de edad, dejarla embarazada y después ir lloriqueando a su jefe de la Casa Real, el marqués de Mondejar, que ya estaba hasta las narices de los caprichos de Su majestad, para que le sacara las castañas del fuego.   

He escrito un libro sobre este caso titulado Su Majestad Sandra Mozarowsky, la reina rota del cine español, donde cuento con todo lujo de detalles cómo se desarrollaron los acontecimientos a partir del relato de un gran periodista, Antonio Izquierdo, último director del periódico El Alcázar. Este periódico era el bunker en el que se refugiaban periodísticamente militares, policías, agentes secretos y todas las personas afectas al régimen de Franco y a su posterior coexistencia con la democracia. Antonio tenía información de primera mano de todo lo que pasó con el caso de Sandra y los efectos colaterales posteriores que se llevaron a varias personas por delante. Cada día alternaba con esas gentes de placa y pistola quienes, una vez bien empapados de alcohol barato, no tenían el más mínimo reparo en contar sus proezas asesinas o conspirativas. 

Este libro contiene muchos datos para situar al lector en el contexto temporal, porque de lo contrario resultaría difícil llegar a comprender cómo pudieron darse semejantes conductas del Rey para abajo. A pesar de las múltiples advertencias recibidas por mi entorno amical y profesional más cercano, no he tenido el más mínimo reparo en hacer públicas las investigaciones de mi amigo y colega Antonio Izquierdo, ampliadas por otras mías que reforzaban el relato. Quien quiera puede leer este libro y formarse su propia opinión, incluso puede no estar de acuerdo con el relato o pedir, fantasiosamente, que se aporten papeles que sustenten una operación de Estado donde las cloacas dieron lo mejor de sí mismas. Papeles, ¿Qué papeles? ¿alguien iba a hacer un informe de las cosas que hubo que hacer para salvar una monarquía, cuyo estandarte parecía haberse convertido en un cipote real, porque eso era lo que representaba el Rey? ¿de verdad alguien puede pensar que lo que hicieron con Sandra, lo que después hicieron con un capitán de la Policía Armada, lo que se hizo con los GRAPO, con un pobre taxista del norte que también murió y, presumiblemente, con los dos pringaos que eliminaron a Sandra por entender mal el encargo, todos ellos relacionados con el caso del bastardo real en el vientre de la Mozarowsky, quedaría fielmente reflejado en informes policiales o de los servicios secretos?  

Así empieza mi libro: Era una tarde de septiembre de 1997 cuando estaba con el jefe de archivo del diario Ya, Ricardo Argibay, buscando alguna imagen que pudiera servirnos para ilustrar una noticia de portada, estábamos en plena guerra de medios con El Mundo en relación al vídeo sexual de Pedro J. Ramírez y en aquellos momentos todavía le era posible sostener la teoría de que no era él quien salía en ese vídeo y se trataba de un montaje.    

En lo que sí tenía razón era en que el vídeo estaba hecho desde las cloacas de Interior y con la participación obligada de los servicios secretos, y es que los primeros habían amenazado públicamente al director de El Mundo con tirar de la manta de sus extrañas aficiones sexuales si se le ocurría publicar algo relacionado con la Operación Mengele, a partir de la cual, los espías, secuestraban mendigos para experimentar narcóticos con ellos y que después les sirvieran para secuestrar algún jefe de ETA. Al final todo explotó y el propio Pedro J reconoció en sede judicial que, efectivamente, sí era él quien aparecía en el vídeo y se armó una gorda.   

Ricardo era una biblioteca con piernas, sus conocimientos de la historia reciente de nuestro país me resultaban increíbles, por eso cada vez que me tocaba ir al archivo lo hacía con dos cafés, tirarle de la lengua era mejor que cualquier escuela de periodismo conocida. Esa tarde, ignoro por qué motivo, igual porque hablar de Pedro J. retrotrajo a Ricardo a los tiempos del destape en España, cuando el país pasó de una actitud social casi monástica, a bañarse en las escandalosas y procelosas aguas del destape femenino en películas, revistas y hasta algún periódico, el jefe de archivo se me acercó al oído, pero guardando las consabidas distancias, porque Ricardo era muy correcto, y me dijo «Director, ¿has oído hablar de una actriz que se llamaba Sandra Mozarowsky?». Me quedé pensando unos instantes, porque a veces es mejor escarbar un poco en la memoria antes de dar cualquier tipo de respuesta, y le dije que no tenía ni idea de quién podía ser esa mujer.   

Ricardo me contó, con todo lujo de detalles, que Sandra era una actriz bellísima que se inició en el mundo del cine coincidiendo con la época del destape, cuando el franquismo, o mejor dicho, cuando Franco estaba cerca del final, porque el franquismo como ente todavía tenía mucho camino por recorrer. Me dijo que las películas en las que participó esta chica eran entre mediocres y malas, y que su presencia en ellas se limitaba poco más que a mostrar su cuerpo desnudo pero que, a pesar de todo, las películas hacían buena caja y ella tenía un nombre que se estaba haciendo un hueco en los medios de comunicación. En un momento determinado de nuestra conversación, y cuando yo pensaba que los detalles escabrosos ya habían sido mencionados al haberme dado detalles de algunas escenas peliculeras de Sandra, Ricardo bajó la voz, como pensando que podía haber micrófonos ocultos, se aproximó un poco más y me dijo: «En 1977 la tiraron por el balcón de su casa porque estaba embarazada del Rey y no quería abortar.   

Además era solo una niña, tenía 17 años cuando Juan Carlos empezó a estar con ella y murió con 18 años, siendo menor de edad todavía, porque en aquellos tiempos la mayoría de edad era a los 21 años». 

Sandra Mozarowsky, y tantos otros muertos contra su voluntad, tienen derecho a no ser olvidados, pero sobre todo tienen un derecho superior a que se sepa la verdad de lo ocurrido. En el caso de Sandra no hubo accidente, no hubo mareo, no hubo suicidio, sino una operación de Estado para intentar solucionar un problema real que se les fue de las manos. Murió Sandra estrellada contra el asfalto al mismo tiempo que también lo hizo el bastardo real de cinco meses que llevaba en su vientre. Por primera vez, en un documental sobre el caso emitido por el canal Ten Televisión, una cuñada de Tatiana, la hermana de Sandra, reconoce públicamente que Tatiana les dijo que su hermana estaba embarazada de cinco meses cuando murió.   

He escrito este libro para dejar constancia de que los hechos reales de Sandra Mozarowsky no forman parte de uno más de los escarceos de un coronado que vivía en un permanente estado de excitación, como esos monos de los documentales que no paran de masturbarse, y sobre todo lo he escrito porque a Sandra se la quitaron de encima cuando empezó a sentir la vida en su cuerpo y acordó consigo misma que abortar no era compatible con el hecho de querer ser madre. He escrito este libro porque alguien tenía que asumir el riesgo de contar las cosas tal y como ocurrieron. Y, sobre todo, he escrito este libro porque no puede haber nadie que esté por encima de los demás con la patente de corso de una inimputabilidad reinante, haga lo que haga, y además tenga la poca vergüenza de reclamar respeto para su honor cuando él mismo no respetaba al pueblo que, con tanta ignorancia, aplaudía, y aplaude, una personalidad patológica travestida de campechanía.  

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martes, 21 de enero de 2025

El del 47


Por Javier Bleda 

Adolfo Carretero Sánchez, más conocido por “el del 47” por ser juez de Instrucción de este juzgado de Madrid, es el juez encargado de instruir el caso de la actriz Elisa Mouliaá contra Iñigo Errejón por un presunto delito de agresión sexual. 

En los juzgados de Plaza de Castilla se le conoce como "el del 47”, y he leído en alguna parte que a otro juez de su misma asociación, la Francisco de Vitoria, lo criticó en un congreso con "mala educación, de forma hiriente y aberrante". Por otra parte, otros señalan que Carretero tiene tendencia a evocar la figura de su padre, también juez, pero de más alto escalafón y ya fallecido, reforzando con ello sus argumentos, se supone que legales, en los debates congresuales. ¿Tendencia a mencionar a papá para llevar la razón? ¡Qué cosas, a veces la infancia se queda anclada de tal manera que luego no se sabe muy bien dónde acaba el niño y comienza el adulto! 

En una entrevista del periodista Ángel López Sánchez publicada en marzo de 1995 en el semanario Canfali de Valdepeñas, siendo Carretero Juez Titular del juzgado número 2 de la localidad, decía lo siguiente: “No es bueno que el juez salga constantemente en los medios de comunicación; el juez debe estar en el término medio, que es donde está la virtud”. Esta sí que es buena, pero evidentemente es una parida perdonable, porque estando en Valdepeñas, productores de vino a gran escala, incluso sin beber los efluvios ambientales pueden llevar a decir estas cosas del término medio y la virtud de un juez, algo que en el caso de Carretero no parece casar con su hacer togado actual, a no ser que en aquellos tiempos fuera un joven vibrante de esos que todavía creía en la Justicia. 

En 2013 la Audiencia de Madrid archivó por unanimidad la denuncia del ínclito presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, contra la periodista de la SER, Pilar Velasco, a la que acusaba de un delito de descubrimiento y revelación de secretos al difundir un vídeo de un viaje de González a Cartagena de Indias siendo entonces vicepresidente de la Comunidad. El vídeo demostraba que el político madrileño estaba siendo espiado y se le veía junto a otras dos personas portando bolsas de plástico. 

En el auto de archivo los magistrados de la Audiencia Provincial esgrimían que, aunque la intimidad del político se viera afectada "la noticia cumple con los requisitos de veracidad e interés general o relevancia pública de la información" y que la difusión de esta información "no debe dar lugar a la respuesta penal ya que el derecho de información debe tener un amplio y generoso espacio en el que desenvolverse sin angosturas", añadiendo que "ha de primar el derecho a la información frente a la intimidad y a la propia imagen" de Ignacio González, por tratarse de un viaje que "era oficial" y las grabaciones fueron realizadas "en espacios públicos". 

Pero esto del auto de archivo de la Audiencia Provincial es lo de menos en el caso que nos ocupa, lo interesante fue el voto concurrente particular de uno de los magistrados, concretamente de Juan José Ortega, criticando abiertamente al que había sido juez instructor del caso, el del término medio y la virtud, Adolfo Carretero. El magistrado Ortega destacaba que "no puedo dejar de referirme al riesgo que para la libertad de prensa produce el mismo hecho de la imputación, si ésta carece del debido fundamento". 

"No solo puede provocar un efecto desalentador capaz de hacer que el periodista evite difundir informaciones que comprometan su seguridad, sino también, como ha sucedido en este caso, que su derecho a guardar el secreto de sus fuentes informativas se haya visto seriamente afectado, al haberse visto obligada la periodista a soportar múltiples requerimientos para que las revelase". 

"En mi opinión, constituye un serio motivo de preocupación que la imputación de la periodista haya servido para propiciar un interrogatorio que, por la forma en que ha sido conducido, la ha expuesto a verse forzada a revelar sus fuentes informativas, una de las más importantes garantías con que cuenta una prensa libre en una sociedad democrática".  

Visto lo visto, y que la manera de actuar del juez Carretero no solamente no ha cambiado, sino que incluso ha ido a peor, como si en lugar de impartir justicia se pretendiera introducir una suerte de justicia patológica, ahora nos encontramos con la novedad de que el juez, como los cirujanos antes de una operación, advierte a la persona a interrogar, en este caso la presunta víctima Elisa Mouliaá, de los efectos adversos que puede llegar a tener la intervención, y así le dice: “Le aviso de que algunas preguntas serán inconvenientes y pueden ser molestas, pero no tiene más remedio que contestarlas”. Es aquí donde, precisamente, se esconde el secreto del togado, en esta advertencia previa para dar pábulo a su juego jurídicamente deslenguado y absolutamente inadmisible, a partir del cual tendrá licencia de corso para humillar legalmente a la interrogada sin que en ello se pueda ver en él cualquier tipo de desequilibrio mental, acoso o ínfulas de vanidad pretenciosa.  

No deja de tener su aquél que un juez cualquiera, por imperativo legal, o porque antes de ponerse la toga haga una ouija invocando el sagrado espíritu parental del mayor conocimiento, pueda joder la vida a quien tenga delante que además, casualmente, es quien paga su puto sueldo, porque los jueces, los fiscales, e incluso la madre que los parió, son funcionarios públicos que no están, ni pueden estar, por encima de nada ni de nadie, por mucho que eso de ser uno de los tres poderes del Estado les provoque un placer eyaculador de tal calado que las puñetas blancas de su uniforme negro se pongan erectas como si hubieran esnifado una sobredosis de almidón.   

No entro ni salgo en el hecho juzgado, pero no me parece de recibo que una mujer que se sintió zaherida en lo más íntimo por un político perturbador, que jugaba a los médicos con el difunto presidente de Venezuela junto a sus ya no colegas Iglesias y Monedero, tenga que verse humillada, teniendo o no razón en su denuncia, por un machote de tres al cuarto que invoca la virtud del término medio mientras vapulea los más elementales derechos de la ciudadanía, como por ejemplo el del honor y el de una Justicia justa. 

Dicen que la burla es una expresión de inseguridad que afecta a todos los maltratadores verbales. Tienen baja estima y sienten miedo, por eso necesitan descalificar y burlarse de los demás ocultando así su miedo interno y su propia inseguridad. 

En la revista digital Psicomentando leo un artículo de la psicóloga Gabriela Millaman Rickert (por entonces estudiante avanzada) titulado ¿Por qué hay personas que humillan al resto y siempre quieren destacar? El artículo empieza así: “El sentimiento de humillación es algo que nos sucede a todos alguna vez y en diferentes situaciones. Cuando se trata de anécdotas desafortunadas, es probable que te quede una sensación de vergüenza que eventualmente pasará. Pero cuando alguien te humilla de forma cruel, puede marcarte de por vida”. 

La autora habla de las tres perspectivas del sentimiento de humillación, por una parte las emociones negativas provocadas por la herida de la humillación y, por otra “cuando una persona humilla a otra también puede entenderse desde el acto de ejercer maltrato. El acto de humillar a otros para sentirse importante se puede observar en diversas formas de sadismo”.  

También añade MIllaman una tercera perspectiva del cómplice de la humillación, ya que no suele tenerse en cuenta. Estas personas tienen gran valor al momento de detener o hacer frente a un acto humillante. ¿De verdad que no había nadie en la sala con el valor suficiente como para frenar al juez del término medio llamándole al orden, incluso si ello pudiera suponer una amonestación? Los cómplices por dejadez de las humillaciones son tan perversos como quien las ejecuta. ¡Y pensar que el abogado de la presunta víctima ha manifestado que la dureza del juez puede incluso llegar a beneficiarles! Se nota que no era a él a quien estaban desnudando. 

Sin embargo, es trayendo a colación al psicoanalista austriaco Alfred Adler donde la autora de este artículo aporta las verdaderas pistas para conocer más sobre la figura de quien ejerce la figura de humillador: “Alfred Adler propuso una teoría que revolucionó la manera de comprender la personalidad y ayudó a estudiar acerca de aquellas personas que humillan a su pareja, sus amigos, familiares, etc. 
A la teoría de Alfred Adler se le denomina Psicología Individual, en cuya base se encuentra el principio del complejo de inferioridad y superioridad. La psicología individual de Adler postula que existe un sentimiento o complejo de inferioridad en la motivación humana, que nos provoca la aspiración de compensarlo todo el tiempo.
 

Y, más adelante, añade que la teoría de Alfred Adler plantea que "las personas con sintomatología neurótica tienen un fuerte sentimiento inconsciente de huir del complejo de inferioridad, que se traduce en el afán de ser superiores a los demás a toda costa, junto con la búsqueda de poder y prestigio. Alfred Adler los llama neuróticos egocéntricos y podría ayudar a explicar la mente de aquella persona que le gusta humillar a los demás. Esta teoría refuerza la idea de que, en algunas ocasiones, las personas con baja autoestima tienden a humillar a los demás”.  
 
 
Buscando en Internet más información sobre esto de las personas que disfrutan humillando a los demás encuentro en la revista digital Psicología y Mente, del 3 de febrero de 2017, que el psicólogo Oscar Castillero Mimenza escribió con el título: Perfil Psicológico del pederasta: 8 rasgos y actitudes en común. Tengo que aclarar que al principio me resultó extraño este resultado, porque yo no buscaba nada relacionado con pederastas, pero al leer el artículo del psicólogo, y especialmente los puntos tres y ocho, pude darme cuenta que lo que unía a unos y otros era concretamente la falta de empatía y la tendencia a autojustificarse. 

3- Falta de empatía. Si bien podría incluirse en el apartado anterior, esta característica merece una mención especial, y es que por norma general los pederastas tienen una considerable falta de empatía, en el sentido que no son capaces de conectar con el sufrimiento que su actuación genera en el menor atacado o eligen voluntariamente ignorar este hecho. Sin embargo, esa falta de empatía suele expresarse en algunos casos, no en todos los tipos de relaciones sociales que mantienen. De algún modo, dejan de empatizar con ciertas personas a conveniencia, dependiendo de sus propósitos o motivaciones. 

8. Tienen a autojustificarse. “Por norma general los pederastas tienden a minimizar la importancia del acto o los daños causados a la víctima. Con frecuencia indican que la relación no es dañina para el menor, es aceptada y/o deseada por éste o que existe una vinculación afectiva que legitima el acto, no existiendo remordimiento por el abuso cometido”. 

Es decir, empatía cero y creencia de que el acto de la humillación está legitimado. Y con esto no quiero plantear al lector que pudiera estar dando a entender que gustar de humillar a los demás y ser pederasta sea lo mismo, sino que hay puntos de coincidencia en la manera de actuar.  Dejemos las cosas claras.

A pesar de todo, lo que manda huevos (Güevos que diría Federico Trillo), es que el juez instructor Carretero, después de su vergonzante manera de actuar con una presunta víctima de agresión sexual, a la que volvió a revictimizar, todavía tuviera la cara dura de decirleDiríjase a la sala con respeto y educación cuando a la demandante se le escapaba algún tuteo al juez fruto del nerviosismo. ¿Con respeto y educación? Y la de Carretero, obligado a dar ejemplo a la ciudadanía, ¿Dónde estaba? 

“Dice que se sacó el miembro viril. ¿Sabe usted para qué? preguntaba el de la toga instructora a la presunta víctima. Y, ya puestos, ¿por qué no le dijo si sabía por qué Errejón se había sacado la polla en lugar del miembro viril? ¿o es que al hablar de hombres le gusta ser educado a su señoría y al hablar de mujeres, como cuando le preguntó si Errejón le había tocado las tetas, le costaba mucho decir los pechos? Y esto no lo digo con malicia y con ironía, sino porque apesta a misoginia.  

Lo que nunca entenderé es cómo la presunta víctima no se dio la vuelta y abandonó la sala, con o sin el permiso de Adolfo, el del 47, incluso a sabiendas de los posibles azotes judiciales que posteriormente le daría por irse sin su permiso desobedeciendo a la autoridad judicial porque, llegado un determinado momento, lo que se desprende del interrogatorio es que las palabras del juez encerraban la misma determinación babosa de quienes se dedican a decir guarrerías a las mujeres y disfrutan con ello. No quisiera pensar, o sí, que eso efectivamente fuera así, pero desde luego que, escuchando a este individuo, con licencia para humillar, uno se imagina que debajo de la toga estaba más empalmado que el propio Errejón la noche de autos. Y si fuera así daría asco. Espero que no.

A lo mejor el problema del juez es el mismo que el que Errejón manifestó en su carta de despedida de la política: “La subjetividad tóxica que en el caso de los hombres el patriarcado multiplica, con compañeros y compañeras de trabajo, con compañeros y compañeras de organización, con relaciones afectivas e incluso con uno mismo”. La subjetividad tóxica que el patriarcado multiplica en los hombres. No tiene jeta ni nada el politicastro. 

Hay una sección en los servicios secretos llamada “Control de togas”, según manifestó el comisario Villarejo en una comisión de investigación en sede parlamentaria, a partir de la cual se controla a jueces y fiscales que tengan una determinada deriva personal. Ignoro absolutamente si el del 47 será uno de los objetivos maniqueos de este otro engendro estatal denominado servicios de inteligencia, pero lo que sí tengo claro es que si se diera el hecho de que el juez Carretero pasara a los anales de la historia jurídica de este país (qué mal suena esto de “anales”) debería hacerlo, sin género de duda, de la mano de quienes, en calidad de cómplices, le permiten que su soberbia humillante tenga el mismo poder que el mazo de esa justicia con el que pide silencio en la sala. Vergüenza ajena, juez Carretero. Esta es mi opinión, ahora vas y lo cascas esgrimiendo un honor que para los demás no reconoces.